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En la feria de acusaciones contra todos los aspirantes a la Presidencia de México, el más golpeado —por la naturaleza de los cargos en su contra— ha sido Ricardo Anaya, candidato del PAN-PRD-MC. Son golpes reales, de los que duelen, dañan, dejan moretones que repugnan e inclusive incapacitan.
Federico Arreola
febrero 26, 2018, 2:53 am

La dura acusación

En la feria de acusaciones contra todos los aspirantes a la Presidencia de México, el más golpeado —por la naturaleza de los cargos en su contra— ha sido Ricardo Anaya, candidato del PAN-PRD-MC. Son golpes reales, de los que duelen, dañan, dejan moretones que repugnan e inclusive incapacitan.

El asunto es muy serio: El señor Anaya Cortés enfrenta un proceso penal por lavado de dinero desde octubre de 2017. No se trata de guerra sucia: los hechos son claros, contundentes y por supuesto innegables. Sobra evidencia de operaciones millonarias irregulares que se hicieron a través de un amigo del candidato panista, Manuel Barreiro, un tipo que se prestó para que Anaya —su esposa, desgraciadamente, también podría estar involucrada, quizá sin deberla ni temerla— hiciera turbios negocios inmobiliarios. Así de grave la situación.

A diferencia del escándalo de Rosario Robles, en el que se involucra a José Antonio Meade, pero en el que, es la verdad, el candidato priista no está directamente involucrado —su única falta es la de no haberse dado cuenta de lo que hizo su antecesora en SEDESOL—, en el caso de Anaya él está en el centro de las acusaciones y, hasta el momento, su defensa ha sido pésima. No le ayuda, sino todo lo contrario, decir que el PRI lo ataca para quitarle preferencias electorales. Eso es obvio. Así que más que jugar a la víctima, debería tratar de refutar las acusaciones. Si no lo hace, quizá se deba a que no cuenta con elementos sólidos para defenderse.

Es la razón por la que el tema del lavado de dinero daña fuertemente a Anaya: se le acusa a él mismo. No son cargos, como los que sufre Andrés Manuel López Obrador, por estar rodeado de demasiados políticos impresentables, que sí los trae el panista a su lado. Se le acusa a él, al propio Anaya, de haber participado en una compleja trama para mover por todas partes dinero de procedencia irregular.

Ya se verá cómo evoluciona este asunto, que parece una crisis real para uno de los aspirantes con partido más fuertes a la Presidencia.