La Carpeta:
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Su nuevo convivio de impresentables lo disminuye. Andrés Manuel ya no es cambio, es continuidad, y continuidad de la peor. Ya no se trata de un cambio de régimen, se trata de un cambio en el régimen. La traición de Andrés Manuel es una afrenta a los ciudadanos. Y el país, sin opciones.
Jose Jaime Ruiz
febrero 8, 2018, 5:54 am

La ausencia de una vigente clase intelectual (eso se desprende del ejercicio periodístico de Diego Enrique Osorno y la “tetónica” fotografía de Carlos Salinas y sus intelectuales inorgánicos-orgánicos) da para tuits, no para análisis. Si el aforismo es el ensayo más breve (Gabriel Zaid dixit), el tuit se convierte en la canalla sucinta: despreciar es opinar; descalificar, condenar.

No el fondo, el trasfondo de las críticas es lo que molesta a Andrés Manuel López Obrador. Su exquisitez no admite argumentos; su sensibilidad, impugnaciones. Como José Alfredo, puede repetir que nada le han enseñado los años, siempre cae en los mismos errores. ¿O acaso es un acierto dejar de ser el que fue? ¿No sería mejor pasar del tuit a la discusión franca y todo-terreno de pantallas televisivas o Facebook en vivo con sus críticos? ¿Se opondría el INE?

La constante en Andrés Manuel es la descalificación a la prensa y los articulistas. Ya sean ReformaEl UniversalProceso, SDPnoticias… ¿Todos son achichincles de la “mafia del poder”? En realidad, ¿ahora qué es la “mafia del poder” cuando los apellidos Azcárraga, Slim o Salinas Pliego ya no la representan, según el mismo AMLO? ¿Cuándo puede “perdonar” a Carlos Salinas de Gortari?

El “ambicionismo” de Andrés Manuel disminuye a López Obrador, quien reside ahora en “modo pragmático”. Pero ser pragmático, por definición, es ser ominoso. El holismo 2018 de Andrés Manuel es diametralmente opuesto a sus creencias 2006: se rompió la coherencia.

¿Por qué la inclusión excluyente? Alberto Anaya sí, Enrique Krauze no; Gabriela Cuevas sí, Jesús Silva-Herzog Márquez no; el PES sí, la comunidad lésbico-gay no. Y así y así. Hoy es todo eso contra lo que luchó hace años (mal citando a José Emilio Pacheco) o él, el de entonces, ya no es el mismo (mal citando a Pablo Neruda).

¿Qué le pasó a Andrés Manuel? Se traicionó a sí mismo. Ambicionar la Presidencia le ha quitado su esencia. Mantener a sus hijos en Morena, les hace daño. Su nuevo convivio de impresentables lo disminuye. Andrés Manuel ya no es cambio, es continuidad, y continuidad de la peor. Ya no se trata de un cambio de régimen, se trata de un cambio en el régimen. La traición de Andrés Manuel es una afrenta a los ciudadanos. Y el país, sin opciones.