La Carpeta:
1 de 10
 
La vida líquida –casi le dijiste–, esa modernidad líquida que liquida, igual que un homeless en los puentes peatonales de Las Vegas: igualdad planetaria. “En la caza de la individualidad, no hay momento para un respiro”, escribe Zygmunt Aquabauman.
Jose Jaime Ruiz
agosto 29, 2016, 7:31 am

jjr-tubos

Tierno anochecer en Valle de Anáhuac.

–La babas de la Luna fueron semen –dijo Ella al tirar el condón al piso.

Y amanece en desértica batalla.

–Dualidad solar tus pezones –Él.

* * *

Tu compañero entró al Oxxo por las Bohemias, en Patriotismo y Progreso esperaba el teporocho con esos ojos que no da pánico soñar. Cómplice, le extendiste un billete de 50, ¿cuántos mezcales? ¿Cuanto alcohol? La vida líquida –casi le dijiste–, esa modernidad líquida que liquida, igual que un homeless en los puentes peatonales de Las Vegas: igualdad planetaria. “En la caza de la individualidad, no hay momento para un respiro”, escribe Zygmunt Aquabauman.

* * *

Te bajaste en el metro San Juan de Letrán; Eje Central y tus reconfortados pasos, aunque tanto cadáver fatigado merecía recordar a Vallejo, a Eliot, a Dante, pero la muerte no nos esperaba a tantos, hoy no. Lo que desesperaba era la sed, el asedio de la sed. Recordaste “Los Duelistas”, esa pulquería de mala suerte y buena muerte. Ahí los chicos se toman cócteles anti-Molotov, cócteles azucarados, cócteles para niñas. Mear, mear, mear en ese rincón cerca del celo, en esa puerta diminuta y púdica que esconde la liviandad amarilla, “cálida y tibia”. Y, sin embargo, “¡Oh! Qué desgracia que la mujer coma –aunque sean fresas con leche”, se quejaba Xavier Forneret. Oh, desgracia en la mesa central de esos viejos que beben el pulque verdadero, esos rostros chimuelos, esos cuñados que van afuera, a la plaza, a buscar a la esposa. Esa hermana que regresa sola y se arrejunta con su cuñado solo, esperando las babas de otros vasos, cáliz compartido, apóstoles de sudor y de reseca y de ebriedad. No más otredad, no más disidencia. No más otra edad.

* * *

Ella no se llamaba Martha, se llamaba Mariana. Él se llamaba Carlos. Venían de Tabasco. Venían de Tabasco a disfrutar el concierto de The Cure en el Foro. No tenían varo para cancha, así que se fueron mero arriba, donde corre un viento juarista, subir dos veces la Pirámide del Sol. Peor, subir dos veces con los wiskis de a litro porque hasta allá no llegan los vendedores. Ya en lunes, Reforma cabeceó: “Tiemblan por The Cure”. Los 5.8 grados pusieron de pie a los tabasqueños, abajo la chilanga banda no dejaba de saltar: nada mejor que un temblor antes de Robert Smith. Temiste que tu vaso de wiski se perdiera en tepalcate, pero más cabrón fue que el joven de Tabasco se sentara –él sí con temblorina ultra-Richter– a tu lado y su chica tratara de emprender la huida por escaleras sin Aleph. La pararon en seco: “Usted se sienta, no sea pendeja”. El mejor telonero de The Cure fue el temblor, los jóvenes jalisquillos de una grada abajo aguantaron vara; más allá un cabrón se hincaba pidiéndole matrimonio a su compa. Los de Tabasco bajaron, no regresaron. Las cuatro horas de subibaja fueron de sobria ebriedad: “Three Imaginary Boys”.

* * *

¿Qué tiene Tamaulipas con DF? Del mar los vimos llegar, no eran hombres tan barbados ni traían profecía esperada; crónica, sí. Y Rockdrigo, el de Tampico: “Pare usted en la ruta que me lleva al trabajo, hoy estoy dispuesto a mandarlo al carajo, llévame hacia Hidalgo o hacia donde quieras, pero no me lleves, no, por la estación de Balderas”. Y Jaime López, el de Matamoros: “Mete un metro en el boleto anaranjado, a media realidad te bajas –¡qué país!– detrás de Palacio Nacional está la 1ª Calle de la Soledad”. Desde Arcos de Belén hasta Soledad, en esas caminatas de suma y sigue, ¿en cuántas cantinas has medrado?

* * *

Digamos que no tiene comienzo el bar

Empieza donde lo hallas por vez primera

 y te sale al encuentro por todas partes

* * *

Prefieres el Rosseta de noche, mezcales mediante, porque no te topas con políticos ni periodistas. La mesa al fondo, bajo el tímido árbol, es edénica si te acompañas por tres mujeres que no ladran, conversan. Ahí, sin embargo, eres multitasking porque si vas por la tarde cierras un trato, coqueteas a la otra mesa, discutes la reunión próxima con otro comensal, haces de tu cel patología laboral, el artefacto te ayuda a que las nenas, ya por la noche, pidan sus tintos después de tu lectura de Byung-Chul Han: “El multitasking no es una habilidad para la cual esté capacitado únicamente el ser humano tardomoderno de la sociedad del trabajo y la información. Se trata más bien de una regresión. En efecto, el multitasking está ampliamente extendido entre los animales salvajes. Es una técnica de atención imprescindible para la supervivencia en la selva”.

* * *

Revolución y Benjamín Franklin: la danza africana. Ni eran los del Poli boteando ni eran las brigadas de ayuda al movimiento de los padres de Ayotzinapa. Eran cuatro esparciendo la danza en el asfalto. Tú venías de El Puerto de Veracruz, un barecito kitscheano donde no es necesario un consumo mínimo de comida para que te amorticen la chela o el trago. Olvídate de su mural y de sus personajes. El movimiento solar de los cuerpos y la percusión fueron estridencia, música, también luto: del semáforo en verde gotea siempre el gris y el ruido, el ruido, el ruido. Muerte en agraz.

* * *

¿Salías del Antillas o del Florida? No sabes, pero camino a la Central de Autobuses te preguntaron: “Oye Carlos, ¿por qué tuviste que decirle que la amabas, a Mariana?”

LOS TUBOS es una divisón de Buró Blanco S.A. de C.V. Copyright © Monterrey, Nuevo León, México. Páginas web