La Carpeta:
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La familia Garza Lagüera, en especial El Diablo Fernández, con esa decisión nos provocaron a los pequeños ahorradores mexicanos serios problemas, ya que nos dejaron en manos de banqueros españoles que, como el de la obra de Plauto, son gente usurera y sin entrañas.
Federico Arreola
noviembre 13, 2018, 7:32 am

“Los que afirman que el dinero está mal colocado en la casa de los banqueros, dicen tonterías. Yo digo que allí no está ni bien ni mal colocado, simplemente no está. Hoy mismo he tenido la experiencia. El mío, Licón, ha tenido que recorrer todos los bancos para darme diez minas. Finalmente, como aquello no acababa nunca, empecé a reclamárselo a voces y hemos acabado en el tribunal. ¡He pasado miedo pensando que no lo liquidaría delante del pretor! Menos mal que lo han obligado los amigos para que me pague de su propia casa”. Capadocio, en El Curculio o El Gorgojo, de Plauto, comedia escrita en el siglo III o en el II a.C.

Levanten la mano los clientes de BBVA Bancomer que se sienten estafados cada vez que usan la tarjeta de crédito o débito o necesitan cualquier otro servicio financiero

El gorgojo en el banco

Empiezo con una vieja historia de banqueros, escrita por Plauto en El Gorgojo o El Curculio. Cito a una página de internet de crítica de libros:

“Un distinguido joven de Epidauro, Fédromo, está perdidamente enamorado de la bella Planesio, que es, por desgracia, propiedad del rufián Capadocio. Fédromo necesita dinero para liberar a su amada, por lo que ha enviado a un gorrón que está a su servicio, Gorgojo, para conseguir el dinero. Allí le birla en el juego el anillo al militar rival de su patrono, escribe una carta y la sella con él. Licón, el banquero, reconoce el sello del militar y le entrega el dinero al rufián para que deje ir a la muchacha. El militar lleva a los tribunales a Licón y al rufián. Al descubrirse que la muchacha de la que estaba enamorado es su hermana, accede a los ruegos de Fédromo y se la da por esposa”.

Es una buena historia útil solo para empezar a entender. Es que, ni hablar, en todos los análisis sobre esa obra de Plauto se describe a Licón, el banquero, como “tacaño y usurero”. Wikipedia, por ejemplo, dice de él que es al mismo tiempo “deudor moroso y acreedor sin entrañas”.

La justicia que no existe en el sistema bancario

Siempre han sido así los banqueros: miserables. Pero, ni hablar, tienen poder y por lo mismo cuentan con defensores de sobra. Este martes, en El Heraldo de México, mi amigo Carlos Mota dice que las comisiones que cobran los bancos mexicanos son “justas”. Y no, Carlos no bromea. Es evidente que entiende poco y mal acerca de lo que es la justicia, pero eso lo ha dicho en serio y sin mayor interés que el de defender por pura simpatía a esos seres infames llamados banqueros que en nuestro país, por el tema de las comisiones, actúan como bandidos. Mota los ve como piezas fundamentales para el desarrollo equilibrado del sistema económico. Y tal vez lo sean, pero abusan, vaya que abusan.

No encuentro ningún tipo de justicia en lo que, por ejemplo, hace Bancomer con los servicios que me presta, que son caros y malos. Por lo tanto, representan un robo o, de plano, me siento robado cada vez que utilizo tarjetas para cualquier cosa, lo que no solo me cuesta dinero, sino que a veces ni siquiera puedo hacer no por falta de fondos en mi cuenta, sino porque a sus sistemas de cómputo nomás no se le pega la gana que yo lo haga.

BBVA Bancomer

Soy cliente de BBVA Bancomer. De algún otro banco, también. Pero hoy tengo el deseo —motivado por tantas malas experiencias— de hablar de ese banco, que hace muchos años solo tenía un nombre, el segundo. En efecto, cuando era un banco mexicano se llamaba Bancomer a secas. Se convirtió en una institución bancaria española cuando fue adquirido por BBVA, que si no me equivoco significa Banco Bilbao Vizcaya Argentaria.

Es “Banco de Bilbao”, porque nació en esa ciudad española, en 1857, creo. Muchos años después se fusionó con Banco de Vizcaya, otra vieja institución bancaria también con sede en Bilbao. Ya fusionados adoptaron la marca BBV. Le agregaron la A cuando adquirieron Argentaria, un banco público privatizado en los noventa.

BBVA ha comprado bancos por todas partes. En México se quedó con Bancomer y, carajo, gana en nuestro país más dinero que en cualquier otro lugar del mundo en el que opera. Sus beneficios se basan especialmente en el cobro de comisiones brutalmente injustas para sus clientes, a los que, para colmo, da un pésimo servicio. Doy fe de ello.

Bancomer nació como Banco de Comercio en 1932, por cierto el día de mi cumpleaños, 15 de octubre. Desde luego, yo no había nacido ese año: vine al mundo 24 años después. Recuerdo, en mi adolescencia, que el Banco de Comercio era muy importante y respetable y, ciertamente, nadie lo acusaba de abusivo. Era el banco de mi padre y mi madre que empezaban a consolidar algunos pequeños establecimientos comerciales.

No recuerdo cuándo el Banco de Comercio pasó a llamarse Bancomer, pero creo que así, como Bancomer, fue nacionalizado por López Portillo.

Cuando lo privatizaron, Bancomer tuvo la mala fortuna de que sus nuevos propietarios, la familia Garza Lagüera de Monterrey —encabezada por José Antonio El Diablo Fernández— fueran pésimos administradores. Nada que ver con Manuel Espinosa Yglesias, que sí sabía cómo operar un negocio tan complejo. Así las cosas, tales empresarios regios no pudieron con el banco y lo vendieron, a los españoles del BBVA.

La familia Garza Lagüera, en especial El Diablo Fernández, con esa decisión nos provocaron a los pequeños ahorradores mexicanos serios problemas, ya que nos dejaron en manos de banqueros españoles que, como el de la obra de Plauto, son gente usurera y sin entrañas.