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En una casi interminable carretada de premios el rock brilló por su ausencia, salvo pequeñas justificaciones para no dejar.
Jose Xavier Navar
mayo 27, 2016, 7:04 am

Los premios Billboard 2016, recientemente entregados el pasado domingo y transmitidos para México a través del canal TNT, han dejado ver el peligroso y alarmante estado actual de la industria de la música, donde ni el rock ni los discos físicos por poquito y no tienen cabida, cuando los que mandan son los calzones de Britney Sperars, Los Jonas Brothers, la hija malcriada de Disney, Demi Lovato; Drake, Ariana Grande, Kesha, el rapero Lucradis, Justin Bieber, Gwen Stefani y la ahora artista del circo volador, Pink, a la que se sumaron Rihanna y Adele dejando ver, industria y revista mediante, quién manda.

En una casi interminable carretada de premios el rock brilló por su ausencia, salvo pequeñas justificaciones para no dejar.

Los Rolling Stones que actualmente tienen el mejor show del planeta y U2, estuvieron compitiendo sin el menor chance en la nominación de Top Duo/Group, lo mismo que en el rubro de Top Tourning Artista, en donde la ganadora fue Taylor Swift.

Con calzador en la categoría de Top Rock Album, se asomó el muerto agradecido de David Bowie, con el Black Star; los plagiarios de Coldplay con el disco A head full of dreams, Alabama Shakes y Munford and Sons, que no son precisamente lo que se dice rock, pero como el negocio del billete manda en la revista… Y, en cuando a canciones roqueras, cosas que, la verdad, no son ni representativas como Fall up boy (Uma Thurman), Elie King (Ex’s & Oh’s), Twenty one pilots (Stressed Out) y X Ambassadors (Reegades).

Triste panorama asfixiado por el rap, canciones cristianas, top dancing, canciones latinas, gospel, country y las tendencias digitales de venta en línea y el streaming.

En medio de lágrimas de auténtico cocodrilo, la cantante Celine Dion recibió el Premio a la Trayectoria de manos del carimarcado, Seal.

En el escenario reinó, y esto no es nada nuevo, la simulación con lo que se ha vuelto lugar común: coreografías de más de lo mismo de Justin Bieber y tangos al estilo de la británica Adele presentados por lo que queda de Steven Tyler (y que va a todas), en medio de raps que, están muy bien, pero para el Bronx como Alfombras Magentas de pena ajena presentadas —como si fuera el gran acontecimiento de una industria que cada día muere más— en el T-Mobil Arena de Las Vegas.

La radio que no comulga con Billboard es la que ahora difunde mejor el rock alternativo y el pop en las facetas que no le interesan a la publicación, más interesada en mantener el statu quo musical con música desechable vía las plataformas digitales, que se enfrentan a la disyuntiva de los servicios de descargas, en los que, principalmente, el objetivo es la generación iPod.

Sólo hay un problema: estos jóvenes que justifican su ignorancia musical con justificaciones como: “Es que no es de mi generación” ya se están cansando de comprar canciones prescindibles como si compraran humo.