La Carpeta:
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Hablan de resolución justa y expedita, pero Ernesto Canales, fiscal Anticorrupción, ha demostrado, por la mala integración de sus averiguaciones, que no le interesa hacer justicia ni con Margarita Arellanes ni con Rodrigo Medina ni con Rogelio Benavides Pintos, además, se tarda meses y meses y va perdiendo los casos.
Jose Jaime Ruiz
agosto 20, 2016, 9:24 am

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Al gobernador Jaime Rodríguez Calderón se le ocurrió imponer un código de ética con siete principios.

El primero dice no a la corrupción, pero este gobierno ha tenido su dosis de corrupción con el llamado “cobijagate” y con la Ley Antitabaco que sirve para extorsionar a los restaurantes y pedir moches a los casinos.

Hablan de “servicio, respeto y empatía”, pero el lenguaje del Bronco y de su secretario de Economía, Fernando Turner, es irrespetuoso y el gabinete es nada empático porque el tesorero Carlos Garza y el secretario de Gobierno, Manuel González, se confrontan con el Bronco en el tema de la tenencia.

Hablan de austeridad y ahí siguen los súper salarios en la Secretaría de Educación, en donde los secuaces de Esthela Gutiérrez dobletean y, como su chofer, reciben jugosas recompensas monetarias.

Hablan de innovación y eficiencia y ni una ni otra.

Hablan de inclusión y el Bronco es excluyente cuando denigra a las mujeres jóvenes embarazadas llamándolas gordas y a la comunidad gay diciendo que él no tiene mayate.

Hablan de resolución justa y expedita, pero Ernesto Canales, fiscal Anticorrupción, ha demostrado, por la mala integración de sus averiguaciones, que no le interesa hacer justicia ni con Margarita Arellanes ni con Rodrigo Medina ni con Rogelio Benavides Pintos, además, se tarda meses y meses y va perdiendo los casos.

Por último, hablan de transparencia y ocultan desde noviembre pasado la auditoría externa al gobierno de Medina y el nuevo convenio con la empresa Kia que, ahora dicen, podrán darlo a conocer hasta septiembre.

El código de ética, usando las palabras del Bronco, ya se perdió desde hace mucho en la cloaca y sus moscas voraces ya ensuciaron este pastel llamado Nuevo León.