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En noviembre de este año habrá elecciones presidenciales en Estados Unidos, las cuales consistirán fundamentalmente, en un referéndum de la política económica llevada a cabo por la administración actual.
Staff
junio 21, 2012, 10:49 am
Análisis

Rafael Ramírez de Alba*

EL UNIVERSAL

En noviembre de este año habrá elecciones presidenciales en Estados Unidos, las cuales consistirán fundamentalmente, en un referéndum de la política económica llevada a cabo por la administración actual.

Es de conocimiento público que al tomar el poder, Barack Obama se enfrentó a una de las peores crisis económicas que ha sufrido dicho país en la era moderna.

Para resolver este trance en el que el PIB cayó 3.5% y el desempleo se elevó hasta 10%, el gobierno americano implementó políticas económicas fuertemente expansionistas.

Por el lado de la política monetaria, la Reserva Federal bajó su tasa de interés hasta prácticamente cero y utilizó otras medidas no convencionales como comprar bonos tanto gubernamentales como privados a los bancos, para inundar de liquidez a los mercados.

Por el lado de la política fiscal, el gasto del gobierno creció exponencialmente provocando un fuerte aumento en el déficit de las finanzas públicas, el cual subió de 2.2% del PIB, en 2007, a 10% actual. Para financiar este déficit, la deuda pública ha crecido hasta casi 100% del PIB, nivel que no se veía desde la Segunda Guerra Mundial.

Incluso, si no tomáramos en cuenta la deuda intra-gubernamental –un ejemplo es el pasivo del gobierno federal para cubrir gastos de seguridad social–, la deuda mantenida por el público llega ya a 70% del PIB, cuando en 2008 era de 40% y el promedio de los últimos 40 años ha sido de 38%. De seguir la tendencia, se llegará a 90% del PIB en 2022, de acuerdo a cálculos de la Oficina del Presupuesto del Congreso estadounidense.

Vale la pena comparar estas cifras con lo que está sucediendo en Europa, en donde algunos gobiernos, como el español, están teniendo serios problemas para refinanciar su deuda, pues ésta representa un relativamente bajo 60% del PIB; o como el italiano, que tiene un déficit fiscal de 3.9% del PIB y planes para eliminar el déficit en un par de años.

Ante estas medidas, la pregunta es si esto ha dado resultado o no. Desde un punto de vista, se podría argumentar que sí, porque Estados Unidos superó la recesión en junio de 2009, la economía está creciendo y el desempleo ha disminuido. Como argumenta el presidente Obama, las cosas estarían peor si no se hubieran llevado a cabo estas medidas.

Lo que sí es claro es que la recuperación actual ha sido una de las peores de la historia. Como ha demostrado el profesor Robert Barro, experto en crecimiento económico de la Universidad de Harvard, la evidencia demuestra que a estas alturas del ciclo, se esperaría que la economía americana creciera a tasas de entre 4 y 6% para recuperar la tendencia promedio de 3.1%, que tiene desde 1948. Sin embargo, el crecimiento promedio en los últimos dos años ha sido de 2.4% (y se espera que no pase de 2% este año).

Se suele comparar a la actual crisis con la Gran Depresión de principios de los años 30 en el siglo pasado, por su profundidad y duración. En lo que no se le puede comparar es en la recuperación: en los tres años siguientes al peor momento de la crisis, la economía creció en ese entonces a tasas del 11, 9 y 13% respectivamente.

El raquítico crecimiento actual se traduce en una tasa de desempleo que no ha bajado del 8%. Cabe recordar que esta tasa se refiere a la proporción de personas que están buscando empleo del total de la Población Económicamente Activa (PEA). Aunque una parte de la disminución en la tasa de desempleo se debe a que efectivamente se han creado nuevos empleos, otra parte se debe a que una cantidad importante de personas han decidido que les será imposible encontrar trabajo y, por tanto, han dejado de buscar.

Lamentablemente, buena parte de la incertidumbre estadounidense ha sido provocada por su gobierno, que ha implementado reformas gigantescas al sistema de salud y al sistema financiero, cuyo impacto apenas se empieza a sentir, y que cuenta con finanzas públicas en franco deterioro, lo cual haría esperar una fuerte subida de impuestos en el corto o mediano plazo.

Para alcanzar una recuperación real, la política económica del gobierno estadounidense debería centrarse en generar incentivos correctos para trabajar, producir e invertir. Desafortunadamente, la administración del presidente Obama no parece estar dispuesta a hacer esfuerzos serios por reformar las finanzas públicas y dar certidumbre a los agentes económicos respecto a futuras regulaciones y actos del gobierno. Ya veremos si cambian las cosas después de noviembre.

*Profesor de Entorno Económico del IPADE