La Carpeta:
1 de 10
 
Un aspirante a Los Pinos puede criticar todo lo que quiera a Enrique Krauze o Jesus Silva-Herzog Marquez, porque en realidad la masa poco conoce a estos señores liberales. Las repercusiones en las encuestas serán imperceptibles. Pero no veo la hora en que los instagramers de moda sean comprados por un partido político o un independiente para impulsar una campaña electoral.
Eloy Garza
marzo 5, 2018, 6:37 am

Las figuras públicas han dejado de ser artistas y cantantes y hasta intelectuales, para ser influencers, instagramers y blogueros. Si hace pocos años en Paris Fashion Week, los editores de moda ocupaban la primera fila de las pasarelas, ahora sus lugares han sido reservados para instagramers como Chiara Ferragni o la mexicana Pam Allier, que en su perfil de Instagram tiene más de 600 mil seguidores (o followers o como usted quiera llamarles).

La ola de influencers pasa también por Monterrey (o más bien por San Pedro), donde se ha desatado una epidemia de instagramers con altas pretensiones pero muy poquitos seguidores (o followers o como como usted quiera llamarles). A mí eso de followers me suena a falos. Y eso de instagramers me suena a ninis virtuales (algunos, no todos).

El problema con ciertos instagramers sampetrinos es que no distinguen entre la imagen pública y la vida privada. Ni Instagram ni Facebook, cabe aclarar, son periódicos (modelo de negocio en decadencia) sino redes sociales donde los amigos platican y punto. Pero hay instagramers locales que quieren cobrarle (y caro) a marcas como Eleven People o Siclo, porque dizque son famosos y luego no se aguantan cuando sus followers se burlan de ellos o los insultan.

Ahí está el caso de Mariana Rodríguez, famosa instagramer de San Pedro, novia del diputado local Samuel García quien tiene más de 100 mil seguidores aunque según “Le guide noir” (sitio web para medir el alcance de un perfil en redes sociales), muchos son fake, es decir, comprados. Ahora bien, si Mariana compra o no sus followers eso no tiene porqué importarnos a los demás. Claro, la cosa cambia si inicia una campaña para que sus seguidores donen dinero y luego utilice el recurso para que Movimiento Naranja reparta colchas en Santa Catarina.

Mezclar videos personales con patrocinio de marcas, para luego usarlos con fines electorales, no es ningún delito (ni siquiera si tú novio es precandidato al Senado). Pero no se ve bien. Puede ser incluso contraproducente para la imagen que la influencer cultiva con sus seguidores en redes sociales. Aclaro: Mariana no está usando dinero público. Esto sí pasa con muchos candidatos a senador o diputados federales y locales que pagan miles de pesos del gobierno a “compra-seguidores.com” o cualquier otro sitio similar, para simular que los quiere mucha gente, cuando ya no son bien recibidos ni en su propia casa.

Un aspirante a Los Pinos puede criticar todo lo que quiera a Enrique Krauze o Jesus Silva-Herzog Marquez, porque en realidad la masa poco conoce a estos señores liberales. Las repercusiones en las encuestas serán imperceptibles. Pero no veo la hora en que los instagramers de moda sean comprados por un partido político o un independiente para impulsar una campaña electoral. Entonces sí estarán involucrados miles de followers. ¿Tendrán más impacto en las tendencias de voto? Quién sabe, pero ya podemos maliciar quiénes hoy forman o deforman la opinión pública. ¿Estamos viviendo ahora una degeneración de la democracia? Sí. Aunque en realidad la democracia en México nunca ha estado “generada”. El deterioro político (si cabe más) marcha en paralelo con el éxito de los instagramers en las redes sociales.