La Carpeta:
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Ricardo Anaya no quiso reconvertirse, sería el candidato más competitivo en el 2024. Centella en un país sin certezas, Ricardo fue factor para un cambio en la partidocracia. Ningún partido, salvo Morena en ascenso, será el mismo después de julio. Ególatra, Ricardo arrastró a los partidos a una nueva definición de su decadencia. Eso sí hay que agradecerlo.
Jose Jaime Ruiz
junio 9, 2018, 7:38 pm

Como la de José Antonio Meade, la candidatura de Ricardo Anaya Cortés sigue siendo una candidatura fallida. Todo operó para que Andrés Manuel López Obrador gane la Presidencia de la República. El injerto de Pepe Toño en el PRI no funcionó; al destruir al PAN y aliarse impúdicamente con el PRD y Movimiento Ciudadano, le restó legitimidad a Ricardo, su candidatura no funciona.

Anaya Cortés apostó por lo imposible. Arm wrestling, jugar a las vencidas con Los Pinos, no se gana por ser políglota ni por hacer yoga ni por tocar instrumentos ni por lograr el paso de la muerte en charrería. Se gana en México no por la forma, sino por el fondo. Ya lo decía Jesús Reyes Heroles: “Hay que aprender a salir limpio de los asuntos sucios y, si es preciso, a lavarse con agua sucia”.

Ricardo no ha salido limpio de los asuntos sucios y, a pocos días de la elección, tampoco se ha lavado con agua sucia. La dirigencia del PRD debe repensar su voto corporativo. La estrategia comunicacional de Jorge Castañeda entró en crisis: no hay pacto de impunidad entre Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador. ¿Qué les queda?

Ricardo y Jorge perdieron todo, hasta la empatía discursiva de los empresarios. La Jornada, sin reproducir las palabras precisas de Juan Pablo Castañón, del Consejo Coordinador Empresarial, reporta: “En entrevista después de un encuentro privado entre integrantes del organismo cúpula y José Antonio Meade, abanderado de la coalición PRI-PVEM-Nueva Alianza, Juan Pablo Castañón, líder del CCE, prefirió no dar una opinión porque no sería lo correcto hablar sobre un supuesto pacto entre el mandatario mexicano y alguno de los candidatos.

“Agregó que es inviable en una democracia en la que participan todos los mexicanos, pues de ninguna forma podría en este momento el Presidente de la República influir decisivamente en las elecciones, ya que se trata de una democracia moderna en la que los propios mexicanos cuentan los votos”.

Si realmente Juan Pablo dijo lo que dijo, Ricardo Anaya y el discurso de Jorge Castañeda sobre un pacto de impunidad entre EPN y AMLO se desmorona. ¿Cuántas veces han estado juntos AMLO y EPN? ¿Cuántas Ricardo Anaya con Enrique Peña Nieto y José Antonio Meade? La fotos no sólo informan, delatan.

Movimiento Ciudadano y el PRD deberían entender la nueva lógica de la votación. Canallín no suma, resta. Como el PRI, MC y PRD deberían atender regidurías, diputaciones locales, alcaldías, gubernaturas y escaños federales. Ya no hay modo de moverse. Esta elección es para Morena. Dice Eruviel Ávila que estructura mata encuesta. Le concedo razón si y sólo si hay fraude. Y ya no hay manera de que exista el fraude, ergo, adiós al PRI.

A partir de estas elecciones de 2018, Morena dominará la vida pública de México. Ricardo Anaya no quiso reconvertirse, sería el candidato más competitivo en el 2024. Centella en un país sin certezas, Ricardo fue factor para un cambio en la partidocracia. Ningún partido, salvo Morena en ascenso, será el mismo después de julio. Ególatra, Ricardo arrastró a los partidos a una nueva definición de su decadencia. Eso sí hay que agradecerlo.