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La vida de Mike Milken la pudo haber imaginado Shakespeare y ser rubricada con el monólogo del Rey Lear: "Lujo devorador, he aquí tu remedio: sufre lo que los desheredados sufren y despójate de lo superfluo de tus bienes, repartiéndolo entre los pobres y alcanzando perdones del cielo".
Eloy Garza
junio 13, 2012, 5:16 am

Conocer a un hombre redimido es un fenómeno poco frecuente. Hace unos días, en el salón de un hotel de Santa Fe, en ciudad de México, pude conocer a uno. Michael Milken, creador de los bono-basura, nos impartió una charla sobre espiritualidad y remedios contra el cáncer. En un par de minutos le expuse el plan que tenemos algunos regiomontanos de promover los test genéticos en la lucha contra el cáncer. Me miró asombrado: “¿En México no se aplica este procedimiento?” Mi negativa le inspiró una confesión lacónica: “de no ser por los test genéticos yo estaría muerto”.  “Y sin redimirse”, añadí en silencio.

Pero Mike Milken gozó de una segunda oportunidad en su vida. Y la aprovechó con creces. En sus buenos años fue el financiero más influyentes de Wall Street, a la par que un disoluto. Pienso en él como Shylock, el usurero judío del Mercader de Venecia. Por años logró engañar a medio mundo con "bonos basura", esos artefactos financieros con los que Milken se embolsó una fortuna de millones de dólares.

Con su financiera Drexel Burnham Lambert, Milken provocó artificialmente un boom en bonos de alto riesgo. Los rendimientos volvieron millonarios a muchos inversionistas, incluyéndolo a él. Regreso a Shakespeare: Milken era “en su astucia un zorro, en la rapacidad un lobo, y en agarrar su presa, un león”.

Hasta que apareció un fiscal de hierro llamado Rudolph Giuliani. Acusado de falsear información Milken fue procesado por Giuliani en los años noventa y declarado culpable. Purgó 22 meses de los diez años de su sentencia. La prensa se ensañó con él. La financiera Drexel Burnham Lambert se declaró en quiebra y Wall Street juró no volver a tropezar en la piedra de los excesos y la exuberancia irracional. Milken acabó vilipendiado por sus propios amigos.

Días después de salir de prisión, a los 45 años, el ex convicto Milken recibió de un oncólogo la noticia de que sufría cáncer de próstata. Le dieron dos años de vida y decidió disciplinarse con hábitos monásticos. Se volvió vegetariano, practicó la meditación transpersonal y tonificó su cuerpo con ejercicio cardiovascular. Su quiste maligno quedó encapsulado.

Entonces le brotaron dotes de hechicero financiero. En la cena de Santa Fe nos profetizó que la crisis mundial tendrá final feliz: los mercados de valores se recuperarán y la economía despegará lenta pero segura. ¿La moraleja para México y para cada uno de los comensales a la cena? Son dos. La primera: en medio de una crisis mundial o personal, no exageres los riesgos. La segunda: reduce tus gastos para que tus ahorros no sufran déficit.

Milken culminó su auto-disciplina publicando un libro que se convirtió en best seller: The Taste of Living, recetario para luchar contra el cáncer. Vale la pena leerlo. ¿La cereza en el pastel de su redención? Se volvió filántropo: creó la Asociación para la Cura del Cáncer y fundó una red de educación virtual, Knowledge Universe (de la cual varios regios somos miembros) y un centro de investigación: el Milken Institute. Recientemente subió la página-web: www.mikemilken.com donde desarticula los argumentos en su contra y hace un acto permanente de contrición.

La vida de Mike Milken la pudo haber imaginado Shakespeare y ser rubricada con el monólogo del Rey Lear: "Lujo devorador, he aquí tu remedio: sufre lo que los desheredados sufren y despójate de lo superfluo de tus bienes, repartiéndolo entre los pobres y alcanzando perdones del cielo".