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Mes tras mes, estuvimos escuchando a Donald Trump decir pestes del acuerdo existente, del cual solía decir que es el peor que su país había firmado en toda su historia.
FELIX CORTES CAMARILLO
octubre 2, 2018, 9:58 am

Desde niños sabemos, y nuestros padres lo sabían demasiado bien, que la prolongada espera por una recompensa la hace más valiosa cuando se recibe. Es la canción de Navidad, que cuando somos menores tarda un eterno año en llegar y que hace de los regalos, lo que sea, algo de un lustre mayor.

Pasamos más de un año con la esperanza de que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte se revisara y renovara. Que después de 24 años en que los tres países lograran beneficios de la apertura de mercados, Canadá, México y Estados Unidos ratificaran su compromiso, acaso, con algunas modificaciones que respondieran a nuevas tecnologías electrónicas o circunstancias económicas distintas, pero la convicción de que deberíamos ratificar el TLCAN era clara en México y Canadá.

Sin embrago, mes tras mes, estuvimos escuchando a Donald Trump decir pestes del acuerdo existente, del cual solía decir que es el peor que su país había firmado en toda su historia; amenazaba con cancelarlo por su puritita decisión personal. Insultó al primer ministro de Canadá; mantuvo permanentemente la amenaza de retirarse o de firmar un tratado solamente con México.

Precisamente, en el plazo perentorio fijado por Estados Unidos, las doce de la noche del domingo pasado se anunció que se había llegado a un acuerdo, dentro de los plazos para que Justin Trudeau, Donald Trump y Enrique Peña Nieto lo firmen y los tres Congresos lo aprueben. Cosa que el presidente electo, López Obrador, ve con muy buenos ojos.

El valor de lo alcanzado subió literalmente a ciegas. Trump dice que es un “wonderful” documento. Del presidente Peña para abajo, todas las instancias mexicanas se declaran complacidas. Lo mismo pasa en Canadá.

Los senadores mexicanos y, presumiblemente, miembros del congreso de Estados Unidos y de Canadá tienen desde hace tiempo un “resumen ejecutivo”, que puede significar cualquier lista de puntos básicos o meros titulares.

Lo cierto es que no sabemos lo que estamos celebrando.

Lo cierto es que la actitud de Trump hace sospechar que sus negociadores presionaron sobre diferentes puntos que conviniesen más a Estados Unidos, y que México y Canadá podrían haber cedido en algunos de estos puntos cruciales.

Trudeau ha dicho que no aceptó la cláusula 19, que remitía cualquier controversia a tribunales norteamericanos. Sabemos que México y Canadá aceptaron elevar el porcentaje de piezas originadas en los tres países para los automóviles que se comercien sin aranceles en la zona. El tratado aún vigente establece que 62.5% de las partes automotrices debe ser originada en cualquiera de los tres países para que los carros pasen libremente a comercio de un país a otro. La cuota subió a 75%. Pero hay un pequeña sorpresa: Se introdujo una nueva cláusula de que entre el 40 y el 45% de los carros “libres” tiene que ser producido por obreros que ganen 16 dólares la hora, mínimo.

En Canadá, un obrero en la línea de ensamble en la industria automotriz gana 20.63 dólares canadiense por hora. Eso es 16.45 dólares gringos. En Estados Unidos, alrededor de 30 dólares americanos. Actualmente, por el mismo trabajo, la industria automotriz en México paga 3.40 dólares la hora. En cuatro años se podría aumentar en un 30, 40 por ciento. A cambio de ello se incrementaría la robotización de la industria, reduciendo empleos. Como diría el clásico, ahí está el detalle.

Vamos a guardar los cohetes y chinampinas para cuando sepamos precisamente qué es lo que conseguimos, aunque hay que reconocer el esfuerzo y trabajo constante, paciente, aguantador, de quienes condujeron la negociación.

PILÓN.- Este comentario provocará, sin duda, algún desdén o vituperio, pero, honestamente, creo que ya hay que olvidar el 2 de octubre. Todos tenemos nuestra propia versión de la verdad. La única verdad no la vamos a encontrar nunca. Los culpables, o ya pagaron o nunca pagarán.

Un pueblo no puede pasarse su vida lamiéndose heridas del pasado cuando hay otras más recientes por las que luchar.