La Carpeta:
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Mire usted, un agente del Ministerio Público de Nuevo León o Jalisco o Chiapas puede recibir la orden de alterar las pruebas y cambiar las evidencias. Si se niega, si se rebela, si patalea contra la orden superior, lo corren y se queda sin trabajo. Listo. Así de simple.
Eloy Garza
agosto 30, 2018, 10:07 am

Doña Olga Sánchez Cordero: usted acaba de confesar que “las Procuradurías en México están podridas y corruptas desde las entrañas”. Fuertes declaraciones. Como futura secretaria de Gobernación (si las cosas siguen sin cambios y AMLO no recula en los próximos días) ha hablado breve, claro y sustancioso. Sabe lo que dice. Pero no basta con hablar. Hay que actuar. Usted nos debe explicar cómo se va a reestructurar, y no sólo limpiar, toda la institución de procuración de justicia. No será fácil, doña Olga, sobre todo, porque los mexicanos esperamos resultados rápidos, tan deprimidos y tristes estamos por el actual orden de cosas.

Usted sabe, doña Olga, que en México no hay servicio profesional de carrera para policías, fiscales y peritos. Por lo pronto, cuando algún fiscal quiere hacer las cosas correctamente (se da el caso, aunque usted no lo crea), se las ve negras con su jefe superior. Más que acatar la ley, acata órdenes de sus jefes. Si no, se arriesga a que lo corran, a que lo lo pongan de patitas en la calle.

Con la mano en la cintura este fiscal puede ser removido por la autoridad jurisdiccional sin mayor trámite, doña Olga. Usted sabe que aún cuando la baja o el cese fuera injustificado, al Estado (que usted representará) sólo le basta con indemnizar al afectado sin que proceda su reincorporación al servicio público. Hay que hacer una Reforma Constitucional para evitar esta tontería, doña Olga, que está en el Artículo 123, Apartado “B”.

Mire usted, un agente del Ministerio Público de Nuevo León o Jalisco o Chiapas puede recibir la orden de alterar las pruebas y cambiar las evidencias. Si se niega, si se rebela, si patalea contra la orden superior, lo corren y se queda sin trabajo. Listo. Así de simple.

Usted sabe, doña Olga, que este sistema no está diseñado para evitar la corrupción; está hecho deliberadamente para corromper todo lo que toca. O sea, que no habrá ninguna forma de defensa para este pobre policía o perito o fiscal que quiere simplemente cumplir con su deber, por estar sujeto a los caprichos políticos de los funcionarios de mayor rango. Qué pena.

¿Le parece esto justo, doña Olga? ¿Le resulta tolerable que en México se castigue, se combata, se condene el profesionalismo y por el contrario se premia a los fiscales lambiscones, sumisos y barberos? ¿No es el mundo al revés? ¿Cómo quiere erradicar la corrupción si el sistema está hecho para alentar las peores prácticas abusivas a plena luz del día y amparadas por la ley? Esperamos su pronta respuesta, porque por lo pronto, aquí estamos mojándonos en el aguacero.