La Carpeta:
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nte la incapacidad de los gobiernos de dar seguridad, trabajo, educación y mejores condiciones, no tardarán en aparecer este tipo de manifestaciones que terminan siendo una válvula de escape, quizá no la mejor, pero a final de cuentas una forma simple en la que los mortales le cobran cuentas al gobierno.
Francisco Tijerina
junio 28, 2012, 8:59 am

Lo ocurrido ayer en el barrio de Tepito en el Distrito Federal cuando por varias horas imperó el caos y vándalos realizaron asaltos y destrozos a cuanta persona se atravesaba por su camino, es apenas una muestra de un riesgo latente que se vive en todo el país. Basta una chispa para encender el fuego.

Un operativo policial para capturar a una banda de rateros a quienes les decomisaron un montón de televisores robados, fue el detonante para que se perdiera el control y cientos de jóvenes tomaran las calles para demostrar, de la peor de las formas, su rechazo, repudio, rencor y frustración contra el sistema, los políticos y el status de las cosas.

Lo más sencillo y lo que seguramente ocurrirá es que los poco más de 23 detenidos quedarán libres por falta de pruebas, por falta de denuncia o por cualquier excusa y el asunto se olvidará; habrá académicos que buscarán justificar el suceso con teorías sociológicas y los periodistas tendrán algo de material para un par de días, porque llegando el domingo la prioridad informativa será el proceso electoral y después vencedores y vencidos darán sus puntos de vista, vendrán los análisis, los recuentos y nadie se acordará de lo que pasó en las calles del centro capitalino.

Quienes sí lo recordarán durante largo tiempo serán las víctimas de los atracos, los dueños de los autos siniestrados, quemados, con vidrios quebrados; lo rememorarán por largo tiempo también las personas asaltadas, manoseadas, ultrajadas, por una turba sin control; los dueños de los comercios saqueados, los propietarios de los camiones de refrescos que fueron vaciados.

El monto de los daños y de lo robado es posible cuantificarlo y existe también la posibilidad que bajo un trabajo de investigación se pueda dar con el paradero de buena parte de los culpables que seguramente suman cientos, pero todo esto tiene su origen en un problema social de muy grandes dimensiones que, está visto, no ha sido ni dimensionado y mucho menos atendido.

Lo ocurrido ayer en el Distrito Federal nos puede pasar aquí en Monterrey, pero también en Guadalajara o en cualquier otra ciudad. Basta un pequeño incidente, un pretexto que enfrente a los ciudadanos con la autoridad, para que la crispación social encuentre un cauce y por él desfogue todo ese sentimiento que trae cargando y alimentando desde hace ya mucho tiempo.

Señales claras de esta rebeldía han sido las ocasiones en que los simples ciudadanos capturan a ladrones y casi los linchan. Ante la incapacidad de los gobiernos de dar seguridad, trabajo, educación y mejores condiciones, no tardarán en aparecer este tipo de manifestaciones que terminan siendo una válvula de escape, quizá no la mejor, pero a final de cuentas una forma simple en la que los mortales le cobran cuentas al gobierno.

Tendrían que ponerse a trabajar cuanto antes para resolver estos que sí son los verdaderos problemas.