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El pasado 24 de enero, cuando la Comisión Federal de Competencia resolvió, en votación de 3 a 2, no autorizar la fusión de las empresas de Emilio Azcárraga Jean y Ricardo Salinas Pliego, Televisa-Iusacell, expresé frente a las manifestaciones de júbilo que se dieron, incluso entre voces expertas, que no echáramos las campanas al vuelo y no bajáramos la guardia.
Staff
junio 6, 2012, 8:19 am

Javier Corral Jurado

(Diputado federal por el PAN)
El Universal

El pasado 24 de enero, cuando la Comisión Federal de Competencia resolvió, en votación de 3 a 2, no autorizar la fusión de las empresas de Emilio Azcárraga Jean y Ricardo Salinas Pliego, Televisa-Iusacell, expresé frente a las manifestaciones de júbilo que se dieron, incluso entre voces expertas, que no echáramos las campanas al vuelo y no bajáramos la guardia. No sólo porque estaba a disposición de las televisoras el recurso de reconsideración, sino porque sabíamos de las presiones sobre la CFC y la apretada votación que resolvió negativamente el asunto. Además los términos de la resolución, desde entonces, abrían la puerta para modificar la decisión. Era de suponerse que sobrevendrían más presiones conforme se acercara la fecha de la elección.

Las presiones han triunfado, primero sobre Miguel Flores Bernés, el comisionado que hizo la mayoría con Eduardo Pérez Mota y Rodrigo Morales Elcoro, y esto orienta al conjunto del organismo antimonopolios que, a partir de este miércoles, pierde esa categoría —diríamos su principal encomienda constitucional— pues autorizará una de las concentraciones económicas más perniciosas para el mercado de telecomunicaciones y de nefastas consecuencias para la democracia y las libertades de expresión y de información al permitir que los dos únicos mastodontes de la televisión abierta se asocien en el negocio de la telefonía móvil, constituyendo en la práctica el monopolio televisivo más importante del mundo.

Aunque dirán que la autorización está condicionada a cumplir ciertas reglas —entre las cuales no están las más importantes: la retransmisión gratuita de las señales abiertas en los sistemas restringidos de televisión (satelital o cable) y la desincorporación de algunos canales de TV— en el fondo se trata de barnizar uno de los mayores despropósitos en la política de competencia, exactamente en sentido contrario al reclamo social por democratizar, diversificar y ampliar la oferta comunicacional en México. Mientras miles de jóvenes del #YoSoy132 salen a protestar contra el duopolio de la televisión, la respuesta del gobierno es empoderarlo más, concederle mayores privilegios, reforzar su concentración insolente y provocar a los jóvenes de una manera irresponsable, porque se les está enviando un mensaje durísimo: nada valen sus exigencias. Que el gobierno no se sorprenda después de que los jóvenes lancen convertida en piedra, la voz de su exigencia brutalmente ignorada.

Porque los podrán marear con el cuento de que la rectificación de la Cofeco condiciona la fusión al lanzamiento de una tercera cadena, incluso podrán decirles que es “una de sus demandas”, pero más pronto que tarde sabrán, porque el asunto no es tan sofisticado, que se les da el visto bueno a un par de empresas que controlan la televisión abierta y muchos otros segmentos de mercado ligados para que se coludan, se repartan los mercados y se conforme un monopolio en la producción y distribución de contenidos audiovisuales, en lugar de competir entre sí.

Esto lo afirmó la resolución de enero pasado: “...la operación tendría por objeto o efecto disminuir, dañar o impedir la competencia y la libre concurrencia en el mercado relacionado de contenidos/programación (canales de TV abierta), así como en televisión y audio restringidos”... “Tendría efectos positivos en el proceso de competencia del mercado de servicios de telefonía móvil. Lo anterior debido a que Iusacell presta ese servido en un mercado altamente concentrado donde participa Telcel, agente económico con poder sustancial y con más de 70% de participación de mercado... no obstante, los beneficios obtenidos no son distintos a los obtenidos con cualquier otra inyección de recursos en Iusacell” ... “las aportaciones al bienestar del consumidor que se derivarían de dicha concentración en el mercado de telefonía móvil no pueden ser trasladadas a otros mercados... pues las eficiencias para unos consumidores no pueden compensar el daño que la pérdida de competencia producirá en los consumidores de los mercados relacionados afectados” ... “La concentración otorgaría a Televisa los incentivos y capacidad de desplazar a otros agentes económicos, como es el caso de Dish, o impedirles el acceso al mercado relevante de televisión y audio restringidos”.

¿Qué ha cambiado de esas consideraciones a la fecha? Nada, se mantiene el duopolio, en contenidos, en mercado publicitario y en frecuencias. Sólo cambia el calendario electoral, que avanza hacia su fecha definitiva. Y también avanza el fin de sexenio.

También han crecido los desplantes y arrogancias de los dueños de la televisión. Uno prefiere transmitir el fútbol en vez del debate presidencial, y el otro manda a uno de sus personeros, Alejandro Puente, a comunicarle al Presidente delante de la asamblea de Canitec que ya los autorizan a licitar la tercera cadena. Y el Presidente, que respeta la “autonomía” de Cofeco y Cofetel, viaja hoy a Chile. Buen viaje, señor Presidente.