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La más reciente rueda de prensa ofrecida por Donald Trump lo mostró en plenitud: nunca estadista, siempre disfrutando el escenario de la sala de conferencias cual decorado de "The Apprentice", aquella telerrealidad donde se pavoneaba exclamando “sit down”. Cada día se inventa una ilusión para que proceda el "impeachment", esa destitución añorada pero difícilmente viable. El escándalo ruso no será un nuevo "Watergate".
Jose Jaime Ruiz
febrero 20, 2017, 5:20 am

jjr-tubos

La más reciente rueda de prensa ofrecida por Donald Trump lo mostró en plenitud: nunca estadista, siempre disfrutando el escenario de la sala de conferencias cual decorado de The Apprentice, aquella telerrealidad donde se pavoneaba exclamando “sit down”. Cada día se inventa una ilusión para que proceda el impeachment, esa destitución añorada pero difícilmente viable. El escándalo ruso no será un nuevo Watergate.

Donald se queda y por eso hay que hacerle frente.

¿Cómo joder a Trump y no morir en el intento?

Primero, el presidente Enrique Peña Nieto debe reflexionar que su gobierno no puede solo. La diplomacia y las negociaciones no bastan. Trump reiteró, el muro va y lo pagaremos los mexicanos, aunque sus vaivenes en el tema vayan de lo imposible a lo cómico. Peña Nieto avanza pero, sin la sociedad, los empresarios, la Iglesia y los medios de comunicación avanzará poco y mal. Trazar con el Senado las líneas de acción es una respuesta antigua a un problema nuevo. Las reglas del juego son otras y Enrique debe dejar de ser pasivo y confrontar minando las fortalezas y aprovechando las debilidades de Trump.

Escribe Robert Greene: “El poder es engañoso. Si imaginamos al enemigo como un boxeador, tendemos a concentrarnos en sus puños. Pero más que de sus puños, depende de sus piernas; una vez que éstas se debilitan, él pierde el equilibrio, no puede escapar del otro púgil, está sujeto a agotadores intercambios y sus puños gradualmente pierden fuerza hasta que se le noquea. Cuando analices a tus rivales, no te distraigas en sus puños. Participar en cualquier intercambio de puñetazos, en la vida o en la guerra, es la cumbre de la estupidez y el desperdicio. El poder depende del equilibrio y del apoyo; así, descubre qué mantiene en pie a tu enemigo, y recuerda que lo que lo mantiene en pie también puede hacerlo caer. Una persona, como un ejército, suele obtener su poder de tres o cuatro fuentes simultáneas: dinero, popularidad, maniobras hábiles, alguna ventaja particular que ha fomentado. Destruye una y tendrá que depender más de las demás; destruye éstas y estará perdido. Debilita las piernas de un boxeador y se aturdirá y vacilará: y cuando lo haga, no tengas piedad. Ningún poder puede sostenerse sin sus piernas”.

Donald sólo se sostiene por su poder ejecutivo, por eso su andanada de órdenes ejecutivas, de ucases. El sistema político norteamericano aún no digiere esta presidencia y existe una real oposición en empresarios, jueces, legisladores y sociedad civil. Hay que atacar la base misma de los votos que sostienen a Trump, que lo legitiman. Como lo apuntó Felipe Calderón Hinojosa en el programa de Televisa, “México en la encrucijada”, debe haber un costo político: en el plano comercial hay que hacer una política retaliatoria, imponer aranceles a los granos y mirar al sur, Argentina y Brasil, para sustituirlos.

Después del canciller Luis Videgaray el hombre más importante para Peña Nieto es Ildefonso Guajardo. Hay que darle maniobra a Ildefonso quien entiende perfectamente los temas del libre comercio y también del “comercio justo”, del que erróneamente habla Donald Trump. Ildefonso tiene una relación penetrante con Asia, pero debe mirar de nuevo a América Latina, profundizar las relaciones con Chile, Brasil y Argentina. Desde ahora Guajardo ha diseñado no sólo medidas espejo para los Estados Unidos, también ha trazado rutas de salida comerciales. Ildefonso, y no Videgaray, debe encabezar la renegociación. Guajardo revisited: su reunión con Justin Pierre James Trudeau en Canadá es impostergable.

Otros actores inciden en los factores. Videgaray convirtió la diplomacia en léxico de Trump, el fake news no vale, ni desde la verdad ni desde la posverdad. Luis debió celebrar antes que su rendido tuit las labores internacionales de su presidente de partido, Enrique Ochoa, y el despliegue del panista Ricardo Anaya con Angela Merkel y la convicción nacionalista de Andrés Manuel López Obrador en Los Ángeles. La oposición interna no es oposición externa.

¿Cómo joder a Trump y no morir en el intento?

Jorge Castañeda, con sus entrevistas en Estados Unidos, lo ha demostrado. Hábil, combativo, cada vez que lo entrevistan destruye con argumentos a los entrevistadores pro-Trump. El Güero es un activista mediático, Jorge no hace campaña interna, hace una verdadera campaña externa. Enrique (el presidente) y Luis (el canciller) deben de “soltarle” mayor influencia a quien tiene mejores argumentos para la seguridad y la inmigración.

¿Y el cabildeo? El gobierno de Enrique debe contratar a un cabildero externo. Jorge Guajardo, si los intereses de la empresa de la cual es director se lo permiten, le sabe al lobby. El exembajador de China conoce las entrañas de Washington: ha crecido en ellas. Legisladores, jueces, organismos de inteligencia, Washington es cabildeo o no es. Sea Jorge u otro, hay que joder a Trump desde el lobbying. Para nuestra desgracia, tenemos dos capitales: Washington y CDMX. Hay que habitarlas.

Ni Jared ni Donald son nuestros amigos. Enrique y Luis deben de entenderlo… y actuar con consecuencias.