La Carpeta:
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Los mexicanos estamos hartos de la crisis económica, el desempleo, la falta de oportunidades, el crimen, la impunidad, la violencia y el cinismo de nuestros políticos. Ese tigre ya está suelto, y a ese tigre le apuesta Andrés Manuel con toda razón. Los votos del rencor y la molestia son para él.
FELIX CORTES CAMARILLO
marzo 14, 2018, 7:45 am

Cuando los últimos ejemplares vivos del tilacino fueron muertos en Australia el siglo pasado, la cadena evolutiva había determinado ya su extinción. Este marsupial carnívoro había evolucionado al parejo con el dingo, también de las tierras donde todo se originó, y compartía con éste la forma de su cabeza y el diseño de sus mandíbulas para comer carne. El Thylacinus cynocephalus, que es su nombre en la realeza zoológica, era llamado en Australia el lobo de Tasmania o el tigre de Tasmania, por las listas oscuras que atravesaban su lomo, primo del demonio de Tasmania. El tilacino es probablemente el primer mamífero llamado tigre en la historia.

Más tarde, en el siglo XVIII, los Panthera tigris fueron bautizados junto a los cuatro felinos mayores, de los cuales es el más grande y, sin duda, el más imponente. De ahí que diferentes culturas lo hayan tomado —como al león o el águila— como emblemáticos de su comunidad. Napoleón Bonaparte, a quien sus coetáneos llamaban también El Tigre, fue el primero en advertir la grandeza oculta de China. Dijo que era un gigante dormido. Algunas versiones dicen que dijo el tigre dormido.

México ha tenido sus propios tigres, fuera del beisbol y el futbol. Entre los aztecas había un caballero tigre que cubría su cabeza más bien con la piel de un gato salvaje americano, porque los tigres solamente se dan en Asia. Mi queridísimo segundo padre, don Emilio Azcárraga Milmo, fue bautizado El Tigre por su amigo Othón Vélez, por el mechón blanco que lucía en la cabeza, pero también por la fiereza de sus decisiones y la tierna generosidad de sus caricias.

El tigre de Santa Julia no quisiera ser mencionado en este recuento, dadas las incómodas y penosas circunstancias en las que fue capturado.

Tuvimos, por si nadie se acuerda, una tigresa también. La exsenadora Irma Serrano cultivó la fama de haber sido amante de un inquilino de Los Pinos, don Gustavo Díaz Ordaz, a quien supuestamente llevó serenata y posteriormente abofeteó. Cosas que a mí no me constan, pero de las que no dudo.

De pronto, un tigre ha saltado a la palestra electoral. Sin dar el origen de la cita, Andrés Manuel López Obrador se refirió a una frase de don Porfirio Díaz, a punto de abordar el Ipiranga que le iba a llevar a su Europa final. “Madero ha soltado al tigre; a ver si lo amarra”, habría dicho el gran dictador.

Ante los banqueros reunidos como cada año en Acapulco, Andrés Manuel les advirtió: Yo no voy a estar aquí para contener a la gente.

Don Porfirio y don Andrés Manuel se refieren al mismo tigre: El de la violencia popular. En ambos casos, una amenaza velada: ¿Cómo te va sin mí? El oaxaqueño, que se iba a morir a París, estaba seguro de que la única manera de gobernar a los mexicanos era la suya, la de la mano dura. El tabasqueño dice que si las elecciones son legales, se irá a Palenque, a su retiro. Y si no lo son, también. Todos sabemos que no es cierto. El tigre se soltará la greña si el resultado de las elecciones no favorece a este señor. Hay que saber qué tan grande es esa greña.

Don Francisco I. Madero no pudo contener al tigre de la violencia posrrevolucionaria intestina de los generales de la revolución que él detonó, pero nunca comandó. Fue tal vez Obregón quien logró cierta pacificación del país. Luego vino Calles para institucionalizar México, comenzando por su partido PNR.

Pero el tema es el tigre actual. Los mexicanos estamos hartos de la crisis económica, el desempleo, la falta de oportunidades, el crimen, la impunidad, la violencia y el cinismo de nuestros políticos. Ese tigre ya está suelto, y a ese tigre le apuesta Andrés Manuel con toda razón. Los votos del rencor y la molestia son para él.

Irónicamente, la única entidad que puede quitarle el triunfo es lo que él ha denunciado permanentemente: La alianza PRIAN. Ni Ricardo Anaya ni José Antonio Meade pueden ganar la Presidencia por sí solos, aunque lograran la adhesión de la independiente más aventajada, lo cual es imposible. Solamente si los políticos logran empatar sus intenciones entre Anaya y Meade perderá López Obrador.

Claro, si no hay chanchullo.

PILÓN.- Este domingo que viene se cierra un simpático capítulo de la telenovela política mexicana: Don Jaime Heliodoro va a registrarse —si le creen las firmas— como candidato independiente a la Presidencia de la República. Claro que se las van a creer: Es un instrumento para lo que se ocupe a la hora del recuento. Es una prueba también de que los candidatos “independientes” valieron para nada.