La Carpeta:
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Eso es lo que tendrían que estar viendo los consejeros electorales en municipios, estados y a nivel federal, cómo hacer que este chistecito de la democracia nos resulte menos costoso.
Francisco Tijerina
junio 4, 2018, 11:06 am

 

“¿La ilusión? Eso cuesta caro. A mí me costó vivir más de lo debido.” // Juan Rulfo

 

Algo tendremos qué hacer.

Esa maldita ilusión de la democracia nos termina costando a los mexicanos un montón de dinero que buena falta nos hace para muchas otras cuestiones en este país.

A lo largo de la última semana he visto algunos de los debates para las alcaldías de municipios de Nuevo León y no puedo menos que asombrarme al ver hasta diez candidatos en lugares que tienen menos de 25 mil habitantes.

Candidatos, planillas completas, partidos, campañas, independientes, todos terminan significando un altísimo costo que no tendríamos por qué pagar si fuésemos en realidad prácticos, porque salvo dos o tres de ellos tienen posibilidades reales de ganar la contienda, los demás están ahí de relleno, cumpliendo otro propósito.

Sería ideal el replantearnos el actual esquema electoral y limitar los procesos mediante procedimientos que acoten el paso a fin de que para la campaña y la elección únicamente participen los que en realidad pueden ser una opción para el electorado.

Los partidos políticos se han convertido en un estupendo negocio para muchos y es tiempo de subirles la canasta para que si realmente son una opción, tienen una plataforma, ideología y propuesta, sean los que ofrezcan contendientes en los procesos electorales.

Porque seamos honestos, la mayor parte de esos candidatos no valen ni el espacio en la boleta, ni la tinta que se gasta en imprimir su nombre y emblema de sus partidos.

¿Democráticos y verdaderos? Entonces no tendrían por qué andar negociando coaliciones, porque esa es la mayor de las mentiras, no son capaces de garantizar los votos que presumen y acabas por entender que al final las prerrogativas terminan en la cuenta bancaria de los líderes, además del precio que le ponen a las candidaturas que le cobran hasta al suplente del último regidor.

La elección termina siendo un negocio redondo para los líderes que obligan a los candidatos a comprar la publicidad y utilitarios con determinados proveedores, a los que ya también los “bajaron del macho” con una comisión por cada venta que les canalicen.

Hay que encontrar, y pronto, una solución práctica y sencilla a esta pantomima que ellos insisten en denominar democracia y que no es más que una simulación que les deja millones de pesos en cada elección.

Eso es lo que tendrían que estar viendo los consejeros electorales en municipios, estados y a nivel federal, cómo hacer que este chistecito de la democracia nos resulte menos costoso.