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Contratar a personas con capacidades insuficientes para hacer el trabajo dentro del gobierno no llevara sino al fracaso. Un impreparado solo sale adelante frente al jefe convirtiéndose en un “yes man”.
Carlos Chavarria
octubre 1, 2018, 10:35 am

Nuestra sociedad es muy pintoresca, por no calificarlo de otra manera. Podemos aceptar pagar los lujos de un futbolista, boxeador, cantante, etc., pero cuando se trata de fijar el salario, la paga por sus servicios de un mecánico, de un pintor de casas, de un maestro, o de un subordinado, somos muy calculadores y tacaños.

La fijación de los salarios tiene mucho de subjetivo, circunstancial, alienable, emotivo, y bien poco de concreto. No existe una fórmula cerrada para calcular el salario correcto y el justo.

En la empresa privada se habla de análisis comparativos considerando diferentes empresas entre mismos puestos usando las habilidades demandadas y las responsabilidades atendidas.

En puestos de piso de planta se asumen estándares de producción y volúmenes reales alcanzados, pero también hay diferentes variables que afectan la producción sin que el trabajador tenga control sobre las mismas.

En el gobierno siempre se ha mantenido el engaño de las compensaciones que sumadas a salarios muy bajos conforman la remuneración total de los burócratas. Todo se ha hecho para dos cosas, reducir los costos contingentes que se derivan del salario integrado y dar la impresión a la población de que se paga poco.

Debemos partir de la premisa de que en el servicio público deben estar nuestros mejores hombres, entonces una de dos, o  AMLO está razonando mal o nosotros somos los causantes de la nueva política salarial engañosa de que nadie debe ganar más que el presidente.

Por su alta especialización un liniero de alta tensión de CFE o un médico de trasplantes del IMSS no solo pueden, sino que deben ganar más que el presidente, posición que al final no es sino una concreción de atribuciones generalistas cuya visualización podrá ser todo lo romántica o mitológica que se desee pero no es sino una coordinación de procesos repetitivos, compleja quizás, pero predecible si es que se guía la acción de acuerdo con las leyes.

La administración del poder a través de negociaciones variadas es la parte sui generis de la tarea presidencial que debe ser recompensada con creces y a la vista de todos y dejarnos de razonamientos maniqueos derivados que mucho pueden afectar el resultado de una organización.

Contratar a personas con capacidades insuficientes para hacer el trabajo dentro del gobierno no llevara sino al fracaso. Un impreparado solo sale adelante frente al jefe convirtiéndose en un “yes man”.

México no tiene necesidad de experimentos señor López Obrador. Páguele bien a su gente so pena de que el país se vaya a la ruina por la ineptitud que la historia le cargará a usted.