La Carpeta:
1 de 10
 
Los mexicanos, que somos producto del más hermoso mestizaje que ha existido en el mundo, no tenemos derecho moral a rechazar a quien venga a nuestra tierra. Estoy cierto de que mis ancestros y yo mismo lo hemos demostrado.
FELIX CORTES CAMARILLO
noviembre 16, 2018, 7:15 am

En términos generales hay en Tijuana cerca de cinco mil personas de Centroamérica que quieren cruzar la línea en Otay o en cualquier otro hueco rumbo a Estados Unidos.

En el número hay que agregar los cientos de haitianos que la experiencia olímpica brasileña mandó a un exilio que era mejor que el de su patria.

Todos ellos saben que no van a recibir el sello en cualquier papel para entrar a la tierra prometida.

Ahora, ya lo han dicho, tampoco tienen un pinche interés en quedarse en nuestro país.

Pero, aunque les pese y les punce –como decía mi abuela- se aclimatan o se aclichingan. A huevo, van a tener que encontrar una nueva patria, que es la de nosotros.

Aunque a nosotros no nos haga muy felices.

Se han hecho, hasta ayer, quinientos albergues en Tijuana y su hermana social Mexicali. Mientras tanto, otros cinco mil centroamericanos —puede que más— van en camino a nuestras chulas fronteras.

Los mexicanos, que somos producto del más hermoso mestizaje que ha existido en el mundo, no tenemos derecho moral a rechazar a quien venga a nuestra tierra.

Estoy cierto de que mis ancestros y yo mismo lo hemos demostrado.

Me queda claro que la migración hacia el norte ha sido —desde que yo existo— consecuencia de la miseria y la falta de oportunidades. Desde Centroamérica y desde México.

Pero a muchos mexicanos nos llama la atención la generosidad con la que el gobierno de nuestro país ha recibido a las caravanas de migrantes.

Cobijas, comida, tratamiento médico y dental, carpas de abrigo, excusados portátiles.

Por encima de la generosidad oficial, los mexicanos salieron con su solidaridad espontánea

Dando y dando.

En el recorrido de los peregrinos, muchos dejaron tirada por el suelo comida sin consumir y ropa donada que, por no ser de marca o nueva, era indigna de la donación.

En el dar está el recibir, decía mi abuela. Tal vez al revés.

De alguna manera.