La Carpeta:
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La ignorancia lingüística que se supone superioridad política ha hecho mucho daño. El más "capacitado" de todos los precandidatos no ha “resolvido” su gramática; un exsecretario de Educación que carece de fonología; un presidente que cada vez que puede se queja de los mexicanos; un priista que, al tratar de desdecirse, “se aprieta”; en fin, una clase política que se disculpa, pero sigue en el gran negocio privado de las funciones públicas.
Jose Jaime Ruiz
febrero 11, 2018, 1:17 pm

El discurso clasista que permea el sexenio empezó con una fobia en contra de la mayoría de los mexicanos. La de Paulina y su novio por las críticas a su padre, Enrique Peña Nieto, después de sus equivocaciones en la Feria del Libro de Guadalajara: “…un saludo a toda la bola de pendejos, que forman parte de la prole y sólo critican a quien envidian”.

El tuit no exoneró de ignorancia a Peña Nieto, sólo desnudó la posición clasista de la familia contra “la bola de pendejos” porque, argumentó, los “envidian”.

Paulina luego se disculpó: “Quiero ofrecer una disculpa de todo corazón. Mi intención con ese RT jamás fue ofenderlos. Reconozco que hice mal y lo lamento”.

Apeló a la sensiblería (el “corazón”), quiso transmutar la sustantividad de una ofensa en una ambigua temporalidad (“jamás”) y lamentó, cual colegiala, su “travesura”. No hubo expiación: siguió con su vida clasista, viajando a diversas partes del mundo con el presupuesto ciudadano y apareciendo en Caras o Quién.

Lejana a José Antonio Meade y su “resolvido”, no tuvo que hacer planas y planas de ficticio castigo, un tuit bastó.

En el último año del sexenio el presidente del PRI, Enrique Ochoa Reza, afirmó en Tabasco, tierra de Andrés Manuel López Obrador: “A los prietos de #Morena les vamos a demostrar que son prietos pero ya no aprietan”.

El discurso no fue racista, fue clasista: prole, prietos. Ochoa Reza trató de disculparse: “El día de hoy en Tabasco me referí a los PRIistas que se han pasado a Morena como PRIetos. Mi comentario jamás fue referido a las personas que tienen mi mismo color de piel, del cual me siento muy orgulloso. Ofrezco una sincera disculpa”. El mismo color de piel, la crítica al “arribismo” de quienes, por otra ruta, desean las prebendas de pertenecer al sistema y enriquecerse al amparo de ese sistema.

El precandidato del PRI a la Presidencia, quien fomentó las políticas públicas que han creado al sector “nini”, al referirse a Andrés Manuel lo calificó: “es peor que un nini”. Otra vez el discurso clasista de quien se ha beneficiado, por parte del PRI y del PAN, de ser un burócrata de lujo y nunca padecer estar en paro o perder el empleo. Desde las alturas clasistas, la sobrevivencia ciudadana es despreciable.

Plenipotenciario, heredero de una república imperial agotada, Enrique Peña Nieto se atrevió a enunciar: “No creo que ningún presidente se haya levantado pensando, y perdón que lo diga, cómo joder a México, siempre está pensando en cómo hacer las cosas bien para México”. ¿De cuál “México” habló Peña Nieto cuando se refirió a México?

La ignorancia lingüística que se supone superioridad política ha hecho mucho daño. El más capacitado de todos los precandidatos no ha “resolvido” su gramática; un exsecretario de Educación que carece de fonología; un presidente que cada vez que puede se queja de los mexicanos; un priista que, al tratar de desdecirse, “se aprieta”; en fin, una clase política que se disculpa, pero sigue en el gran negocio privado de las funciones públicas.

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