La Carpeta:
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Esa faramalla que hemos dado en llamar democracia mexicana es un fenómeno que con todas sus imperfecciones, simulaciones y defectos duró apenas 18 años: del año 2000 al actual.
FELIX CORTES CAMARILLO
octubre 25, 2018, 12:35 pm

Decisiones (ya pa’qué) cada día (tú verás).

Alguien pierde, alguien gana ¡Ave María!

Decisiones, todo cuesta

Salgan y hagan sus apuestas.

Rubén Blades, Decisiones

Esa faramalla que hemos dado en llamar democracia mexicana es un fenómeno que con todas sus imperfecciones, simulaciones y defectos duró apenas 18 años: del año 2000 al actual.

No puede hablarse, pues, de una tradición de democracia en México. De lo que no puede quedar duda alguna es de que el autoritarismo tiene raíces históricas en nuestro país, desde su surgimiento y los tlatoanis prehispánicos, pasando por la Conquista y la Colonia, para arribar al caudillismo fratricida de las guerras de Independencia y Revolución.

Luego vino la estabilidad forzada por el desarrollo del capitalismo que acabó por legitimar el autoritarismo. No sólo eso, también se institucionalizó.

Pero no se trata solamente de tradiciones: detrás de ellas está la vocación del pueblo mexicano por dejarse oprimir y engañar, su obsesión por la obediencia ciega y su rechazo a la protesta real y efectiva en contra de los abusos de la autoridad.

Anhelamos que un señor nos mande, que él decida por nosotros y determine qué debemos hacer y cómo debemos pensar. Y que, además, nos dé atole con el dedo.

La llamada consulta sobre el aeropuerto de la ciudad capital es un claro ejemplo de ello. Insuficientemente diseñada y fondeada, está destinada a ser un experimento fallido.

Fallido de manera intencional. La mera distribución de las casillas receptoras de opiniones así lo indica: está canteada para una presencia arrolladora en los estados en los que Morena alcanzó abrumadoras mayorías.

Incluso, en este campo hay clases: el estado de Tabasco tiene abundancia de casillas. En Villahermosa, la capital, no hay. Caso similar es el estado de Jalisco: no se emitirán votos en Guadalajara.

Por obvias razones, la propuesta de la Canaero —de que se colocasen mesas de votación en quince importantes aeropuertos del país— no fue ni siquiera considerada. Desde luego, es en esos sitios en donde se encuentran los usuarios del transporte aéreo y los operadores del mismo.

Si alguien debiera opinar sobre la ubicación de tan importante aeropuerto deberían ser, en primer lugar, los viajeros, pilotos, sobrecargos, personal de tierra, así como personas que dependen de las operaciones comerciales colaterales que en los aeropuertos se dan.

El millón y medio de pesos que, supuestamente, costará esta consulta es una cifra ridícula. Si estuviésemos hablando de mil mesas de recepción de las opiniones —teóricamente son 1,073— a cada una le tocarían mil quinientos pesos para realizar su función.

Si van a operar cuatro días vienen siendo 375 pesos por casilla/día. Con ese dinero, que no incluye el costo de impresión de las tramposas boletas, hay que pagar por lo menos una mesa, un par de sillas, y algunos viáticos para alimentar a los voluntarios que, supuestamente, estarán a cargo de esas estaciones.

Eso no parece ser lo peor. El discurso de la administración que viene promete hacer de este tipo de consulta popular una constante de este gobierno.

Como afirmó el presidente Andrés Manuel López Obrador en un video grabado a bordo del avión que iba a transportarlo, es mejor que decidamos todos a que solamente uno decida. Pues eso.

La autoridad cedida a las manos de la demagogia. Uno podría suponer que, dado el historial político de la mayoría de los socios de Morena, traen en su bagaje la experiencia en esto del acarreo, las urnas preñadas y otras linduras que hicieron el deleite del populacho durante 70 años.

Pero resulta que no: hasta para ser sinvergüenza hay que tener talento.Es evidente que las boletas impresas serán insuficientes.

Peor todavía, pudiera darse el caso de que la indiferencia de los mexicanos ante una decisión que no afecta a la mayoría haga que las boletas sobren y el número de participantes en este circo sea irrisorio.

No tiene importancia, la decisión, cualquiera que sea, ya está tomada. Lo que viviremos estos cuatro días es un intento desesperado por validarla.