La Carpeta:
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Carlos Marín es un periodista importante. Mamón, sin duda, pero influyente y con una trayectoria relevante. Su mejor época la vivió hace mucho tiempo en Proceso, pero no le ha ido mal en los últimos lustros como director editorial de un importante grupo de periódicos, Milenio.
Federico Arreola
julio 31, 2018, 11:44 am

“Cuando se le pidió a José que interpretara el famoso sueño del faraón, en el que siete vacas feas y flacas devoran a siete vacas gordas y hermosas, éste predijo siete años de abundancia, a los que seguirían siete años de hambruna, por lo cual recomendó hacer acopio de bienes durante los años buenos”.

Carlos Marín es un periodista importante. Mamón, sin duda, pero influyente y con una trayectoria relevante. Su mejor época la vivió hace mucho tiempo en Proceso, pero no le ha ido mal en los últimos lustros como director editorial de un importante grupo de periódicos, Milenio.

Carlos Ramos Padilla, de ABC Radio, está entre la morralla periodística radiofónica. Lo digo sin ganas de ofender, simplemente interpretando los ratings que he publicado mes a mes durante varios años: el señor Ramos Padilla siempre ha estado más o menos en el lugar 25 de una lista integrada por unos 40 conductores de noticieros.

Hace mal Pablo Hiriart al compararlos, ya que Carlos Marín y su tocayo Ramos no juegan en la misma división:

Lo peor de la comparación que hace Hiriart es que da a entender que ambos dejarán sus empleos por presiones del nuevo gobierno.

En el mismo sentido se han expresado otras personas, entre ellas Raúl Trejo Delarbre:

La verdad de las cosas es que AMLO no está detrás de las renuncias o despidos de Marín y Ramos Padilla.

Pienso que a Andrés Manuel hasta le cae bien Carlos Marín. Y, muy probablemente, el virtual presidente electo de México, ante la abundancia de periodistas, reporteros y comentaristas de TV, prensa, radio, redes sociales e internet ni siquiera se ha dado cuenta de la existencia de Carlos Ramos.

De hecho, Marín, hasta donde se sabe, no ha perdido sus espacios periodísticos. Solo ha dejado la dirección editorial de Milenio. Solo eso y no es poca cosa. Pero me parece que no hay en lo anterior nada relacionado con la libertad de expresión.

Me atrevo a pensar que en ambos casos, y en otros que iremos conociendo, las razones de que se les haya despedido o quitado cargos directivos son económicas.

Entendamos la realidad de los medios mexicanos: muy pocos podrán vivir ya no se diga con cero publicidad oficial, sino ni siquiera si la misma se reduce a la mitad, como lo ha anunciado López Obrador.

Ante la nueva realidad, las empresas mediáticas tendrán que decir adiós a su personal de salarios más altos, y en no pocos casos se trata de salarios simple y sencillamente elevadísimos.

Si los ingresos caen, los costos deben ajustarse. Y los ingresos caerán fuertemente para todos los medios cuando, como se ha prometido, el gobierno de AMLO disminuya a la mitad su gasto en publicidad.

Seguramente esa es la razón de que Marín se haya quedado sin la dirección editorial de Milenio. Es decir, su reemplazo ganará la mitad o menos de lo que el chistorete periodista recibía como pago por ocupar ese puesto de trabajo.

Al señor Ramos Padilla, me atrevo a pensarlo, se le debe haber despedido no solo para contratar a alguien más barato que él, sino también que sea capaz de elevar ¡al menos un poquito! el rating del noticiero que él ha conducido en ABC Radio, que es bajísimo.

¿Tiene la culpa Andrés Manuel de que empiecen a darse reajustes de personal en los medios? En cierto sentido, sí, pero por las razones correctas: su gobierno gastará menos en publicidad, una medida con la que nadie puede estar en desacuerdo.

Es un hecho que hay preocupación en los medios ante lo que viene. No pocos editores no solo están preocupados, sino ocupados diseñando esquemas para hacer mucho más pequeñas y baratas, sin perder eficacia, a sus redacciones.

Como habrá menos ingresos, los dueños de los medios despedirán periodistas o pedirán a estos que acepten rebajas sustanciales de salarios.

La época de vacas gordas acabó. Ya habían dejado de gastar cantidades excesivas de dinero por concepto de publicidad dos gobiernos, el de Nuevo León (con Jaime El Bronco Rodríguez) y el de Chihuahua (con Javier Corral), y ahora sigue el más grande de todos, el federal.

Pero celebremos también la buena noticia: las vacas flacas vuelven más creativas a las personas. Veremos, pues, a dueños y directivos de medios mucho más trabajadores e ingeniosos para hacer más con menos. Y todos los que así lo hagan, al final, triunfarán.