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El Tribunal Electoral será el principal ariete para legalizar las anomalías electorales del próximo 1 de julio. ¿Cuál es la estrategia de quienes manejan en sus entretelones al Tribunal Electoral del Poder Judicial?
Eloy Garza
abril 12, 2018, 6:23 am

El Tribunal Electoral del Poder Judicial demuestra que no se manda solo. Los votos de los magistrados fueron ordenados por instancias ocultas. Vivimos el autoritarismo de los poderes salvajes, según la definición de Luigi Ferrajoli. El Tribunal Electoral será el principal ariete para legalizar las anomalías electorales del próximo 1 de julio. ¿Cuál es la estrategia de quienes manejan en sus entretelones al Tribunal Electoral del Poder Judicial?

1.- Dar un golpe en la mesa: ellos califican la elección y son los verdaderos árbitros de la contienda.

2.- Meter más jugadores en el proceso para conseguir que se difumine el voto: fomentar artificialmente la pulverización de las preferencias electorales.

3.- Anular y validar los votos que obtendrá cada candidato modificando el resultado final en un balance a conveniencia de los poderes salvajes en la sombra.

4.- Demostrar que no se podrán cuestionar sus decisiones electorales y que el Instituto Nacional Electoral no tendrá la última palabra.

5.- Judicializar el proceso electoral, para que un órgano del Poder Judicial sea la instancia determinante que en la práctica nombre (no elija) al próximo Presidente de la República.

6.- Ganarle al INE su decisión unilateral de dejar pasar a Margarita Zavala como la única candidata presidencial independiente, imponiendo a Jaime Rodríguez Calderón.

7.- Mandar un mensaje a los 86 millones de electores que no serán el componente principal para elegir a sus representantes de elección popular.

8.- Restar manejó operativo al INE y minimizar el margen de acción de este Órgano Constitucional Autónomo.

9.- Retroceder veinte años el proceso democrático que se había instaurado en México con algunos buenos avances que habían costado tiempo y esfuerzo.

10.- Ratificar que el Poder Judicial no es realmente autónomo en su toma de decisiones, destruyendo la incipiente ingeniería constitucional del Estado mexicano e imponiendo el autoritarismo de los poderes salvajes.

Ni modo. El pastor defiende a sus ovejas de los lobos, no porque ame mucho a sus ovejas, sino porque tiene planeado comérselas después.