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Un sociólogo llamado William Julius Wilson, discípulo de Keynes, se volvió célebre en los 90 explicando que la verdadera causa de los problemas en los sectores sociales inferiores no es la violencia sino el desempleo. La culpa de la criminalidad no es de latinos o negros, sino del sistema económico que hacina millones de desempleados o trabajadores mal pagados. ¿El remedio? De nuevo Keynes: mucha inversión pública para tener a la gente ocupada.
Eloy Garza
febrero 3, 2015, 4:56 am

eloygarza-editorial

Cuando el huracán Katrina azotó Nueva Orleans en 2005, muchos parecieron descubrir que los barrios pobres en Estados Unidos estaban más desprotegidos de lo que se pensaba. En México sí tenemos más noticias sobre la marginación urbana porque la miseria campea por doquier y los hijos de Sánchez merodean en cada esquina.

También es muy diferente el tratamiento que da la autoridad pública a los barrios pobres: mientras en México los políticos se hacen los desentendidos, en Estados Unidos desalojan a los miserables de las áreas “en rehabilitación” a golpe de bulldozers. Allá esconden en guetos urbanos a los negros, latinos y desempleados. Aquí se toleran los asentamientos en predios irregulares, a condición de que sean fuente de votos en cada elección a cambio de despensas o dinero en efectivo.

Un sociólogo llamado William Julius Wilson, discípulo de Keynes, se volvió célebre en los 90 explicando que la verdadera causa de los problemas en los sectores sociales inferiores no es la violencia sino el desempleo. La culpa de la criminalidad no es de latinos o negros, sino del sistema económico que hacina millones de desempleados o trabajadores mal pagados. ¿El remedio? De nuevo Keynes: mucha inversión pública para tener a la gente ocupada.

Por esos años se inscribió en la Universidad de Chicago un joven nacido en Madres y criado en el sur de California: moreno, cabello largo y semblante de pandillero. Su nombre es Sudhir Venkatesh y acabó como estudioso de zonas urbanas pobres, en especial de los desarrollos de vivienda pública a bajo costo, como el “Robert Taylor Homes”, creado en Chicago en los años 60, que, en vez de eliminar, incrementó el crimen organizado y la violencia racial.

Aunque ha publicado una buena cantidad de libros sobre el tema, Venkatesh sólo consiguió cierta fama cuando los autores del best seller Freakonomics retomaron algunas de sus ideas principales, como sus estudios “in situ” del mercado de crack. Sin embargo, la obra que ha consagrado a Venkatesh es Gang Leaders for a Day (2008), aún no traducida al español, pero puesta de moda porque esta semana la seleccionó como lectura el Club del Libro de Mark Zuckerberg, dueño de Facebook. Venkatesh narra su incursión en el “Robert Taylor Homes” y despliega historias sobre la lucha de los habitantes de esos suburbios por sobrevivir dentro de los espantosos edificios de concreto, y sortear la suciedad de las calles, el deterioro del entorno y la peligrosidad flotando en el aire.

Venkatesh consigue darle rasgos humanos a los delincuentes con quienes se relaciona. Intima con ellos; los vuelve sus amigos. Así se entera del costo del gramo de coca y cómo administran su negocio los narcotraficantes Descubre (no sin un dejo de demagogia académica), que el único crimen es la pobreza. Cuando la familia muere de hambre día a día, delinquir es uno de los pocos recursos que quedan. Otra opción es la piratería, la venta al menudeo de chatarra y la prostitución. A fin de cuentas cumplen con la máxima “hacer todo lo que se necesita” (whatever it takes).

El libro de Venkatesh, puesto de moda por Facebook, concluye con el anuncio de la demolición del “Robert Taylor Homes”. El proyecto urbano de vanguardia expiró con su ristra de problemas sociales agudizados; esos mismos que se procuraron extirpar de raíz con la construcción de moles de concreto en forma de viviendas apiladas. Un remedio gubernamental al problema que creó el propio gobierno. Sea como fuere, mientras no desaparezca la excesiva regulación estatal gravosa, la baja calidad de las instituciones, la sofocación de la invención y la creatividad ciudadana y el estado siga gastando en elefantes blancos, el orden lo seguirá imponiendo la amenaza, el pago de piso, la corrupción y los demás Jinetes del Apocalipsis montados en los potros del gobierno y sus secuaces.