La Carpeta:
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Los beneficiados con esta amnistía condicional tienen que portarse bien durante diez o doce años antes de que se les brinde la oportunidad de recibir su ciudadanía. Y ese beneficio no podrá ser extensivo a sus familiares, excepción hecha de padres, cónyuges e hijos.
FELIX CORTES CAMARILLO
febrero 1, 2018, 5:33 am

Una hora y media se tomó el presidente Trump del horario del Congreso para leer, afortunadamente leer, su primer informe de gobierno el martes por la noche. Evidentemente ha estado practicando el uso del teleprompter, ese apuntador electrónico que nos libera con frecuencia de los disparates de los políticos. Sin embargo, el sabor de boca que deja ese largo discurso no es solamente el de mejor uso de la tecnología disponible. Habla también de un cambio de tono en el, normalmente, agresivo modo de comunicar que el señor tiene.

Si bien los pilares de su planteamiento siguen siendo los mismos, la estridencia no fue la misma. Siguiendo la frase que utilizó en Davos, Trump insistió en que no debemos traducir su America First por un America alone. Puede ser solamente un asunto de matiz, pero la única vez que usó, en hora y media, la palabra México fue cuando se ufanó de la planta automotriz que saldría de nuestro país para regresar a Detroit a hacer trocas.

La esencia sigue siendo la misma: no aceptar acuerdos comerciales que no sean benéficos, en primer lugar, para los Estados Unidos y, al mismo tiempo, insistir en el equívoco de identificar a los inmigrantes hispanos con los delincuentes violentos. En el desfile de testimonios vivos, madres sollozantes por haber perdido hijos a manos de la Mara Salvatrucha alternaron con un hispano miembro de la guardia fronteriza y dos héroes de ocasión del sueño americano.

En ese entorno tramposo encajó estupendamente el truco de negociar la legalización de casi dos millones de indocumentados —de los doce que se calcula están allá— a cambio de la autorización de treinta mil millones de dólares para la seguridad fronteriza, dinero que primariamente se dedicará a la edificación del muro de la ignominia. Ese sería el eje troncal de la “nueva” política migratoria de los Estados Unidos.

Tramposa, desde luego. Los beneficiados con esta amnistía condicional tienen que portarse bien durante diez o doce años antes de que se les brinde la oportunidad de recibir su ciudadanía. Y ese beneficio no podrá ser extensivo a sus familiares, excepción hecha de padres, cónyuges e hijos.

Sin mencionarlos, los espíritus de las elecciones de este año en México y los Estados Unidos anduvieron revoloteando por el recinto. La prisa que hace unos meses había por hundir el Tratado de Libre Comercio o de plano abandonarlo se ha desvanecido. El destino del famoso tratado dependerá del equilibrio futuro del Congreso de los Estados Unidos y del ocupante de la casa presidencial mexicana a partir de diciembre de este año.

Por lo pronto, las aguas pretenden ser mansas. Y las aguas mansas, según la sabiduría popular de nuestra gente, suelen esconder bajo su superficie corrientes traicioneras.

PILON.- Es artificial la alarma que ha sonado en torno a la intención del gobierno norteamericano de suavizar su postura antimexicana a cambio de que el nuestro permita que policías vestidos de civil y armados se hagan cargo de la seguridad a bordo de los aviones que crucen la frontera entre los dos países. Cualquiera pensaría que se trata de matones con armas de alto poder y gatillo fácil para agarrarse a balazos con terroristas y delincuentes en pleno vuelo. Se nos olvida que hace unos años y sin aspavientos la medida se puso en práctica, y que las armas que se usarían en esos casos serían  las maquinitas de dar toques de alto voltaje que lo dejan a uno turulato. No hace falta darse baños de soberanía nacional.

Sólo se asusta quien quiere asustarse.