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Ahora tendremos un nuevo presidente que es un gran creador de mitos, chiquitos y grandotes. En un ejercicio que se niega a dejar de practicar, todos los días lanza dardos verbales buscando el que prenda mejor para confirmar los mitos que vendió durante su campaña electoral.
Carlos Chavarria
septiembre 30, 2018, 11:20 am

Las masas son como los niños, poco saben, inventan mucho, creen en todo,  y entre más instantánea sea la conexión lingüística con nuestro descontento como si todo fuese verdad reaccionan en consecuencia.

Los mitos han sido desgracia y fortuna de la humanidad. Retardan la evolución intelectual pero al explicar de manera simplista e instantánea lo imposible de entender, ayudan a controlar el miedo colectivo, recurso por cierto bien utilizado por todos los políticos a lo largo de la historia.

Ha sido afortunado el creador de mitos que logró unir a una sociedad en torno a algún evento mítico y convertirlo en esencia de grupo, en patria, en el origen de todo o al menos de algo.

Los mitos se inventaron por alguien para que otros los crean, no el que los inventa. Si el creador de mitos creyera en ellos sería un ingenuo, enfermo o perverso sin remedio. Los mitos son para que alguien consiga la cooperación de grupos de forma económica con la menos violencia posible.

Los mitos son hermanos de la mentira cotidiana, los dos se nutren entre sí. Cuando una mentira se desparrama y se convierte en leyenda ya está lista para sumarse al  mito original y hacerlo más grande.

Los mitos se alimentan del descontento y la frustración social. Se diseñan para eso, primero acrecentar el descontento, para luego explicarlo.

Los mexicanos nos gustan los mitos, los disfrutamos, creemos en ellos y por eso es fácil manejar a las masas de electores para que escojan tal o cuál opción, así sea de los que es arte, de lo que es malo o bueno, de lo que conviene o no.

Hay seres humanos a los que les dimos las credenciales para crear mitos y  todo lo que dicen lo consideramos importante.

Estuvo Paul Krugman en México en días pasados, quien es un historiador norteamericano que se metió a estudiar la economía, según sus palabras para explicarse la historia, y en una pose de falso ignorante declara que no se explica como es que con el TLC, a diferencia de otros países con menos ventajas, México no ha podido “despegar” . Hasta risa que un personaje de su calibre salga con esas cosas.

Bien lo sabe Krugman que México se vio forzado a firmar el Consenso de Washington debido a la impagable deuda que contrajeron Echeverría y López Portillo y la única salida a la mano para Salinas de Gortari fue la firma del TLC en consonancia con las tesis globalizadoras, el nuevo mito.

Ahora tendremos un nuevo presidente que es un gran creador de mitos, chiquitos y grandotes. En un ejercicio que se niega a dejar de practicar, todos los días lanza dardos verbales buscando el que prenda mejor para confirmar los mitos que vendió durante su campaña electoral.