La Carpeta:
1 de 10
 
Salvo a Andrés Manuel. Ya ha adelantado sus sospechas que deben leerse como certezas: si él gana las elecciones, éstas son válidas. Si las pierde, son espurias. Y yo que pensé que ya habíamos salido del período de la lactancia cívica. No seamos, ya mamones. Que sea la última vez, Andrés Manuel.
FELIX CORTES CAMARILLO
junio 20, 2012, 11:49 pm

Pudiera parecer que la mayor ventaja de la “fiesta cívica” del uno de julio es que será definitivamente la última oportunidad que Andrés Manul López Obrador podrá impugnar el resultado de las elecciones presidenciales, alegar fraude y tomar la calle seguido de un número respetable de seguidores, capaces incluso de llenar medio Zócalo.

No veo al tabasqueño repitiendo el numerito dentro de seis años, pero uno nunca sabe. Después de todo, como más de un observador lo ha señalado, al Peje no se le conoce modo legal de ganarse un sustento para sí y su familia, declaración de ingresos ante el SAT, ni modos de financiamiento para haber recorrido –eso dice él, yo lo pongo en duda– la totalidad de los municipios que integran este sufrido territorio nacional.

Eso me lleva a concluir que Andrés Manuel es un profesional del berrinche. Según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, berrinche viene del latín verres, que nos lleva a verraco, que es el cerdo padre. Pero estábamos en berrinche, que es “coraje, enojo grande, y más comúnmente el de los niños”. Berrinchudo es, según la misma fuente, el que se encorajina o enoja con frecuencia o por leve motivo. Si a cambio de eso puede vivir por años de esa actitud, vale.

Con una rapidez de asombro, los mexicanos nos hemos adaptado al modelo gringo de creerle a las encuestas, aunque en los dos últimos sexenios mostraron ser más chafas que un cuchi cuchi continuo y doble por un mes, o por asociación de ideas la cumbre en Río del desarrollo sustentable. Pues anda, que las encuestas dicen –vamos hasta la del Reforma, más sesgada que una borrachera de Pardavé– que Peña Nieto le lleva dos dígitos de ventaja a su segundo perseguidor o perseguidora.

O séase que aquí el asunto es la medalla de plata. La de consolación en Paseo de la Reforma o la Plaza de la Constitución (qué nombre más cursi) que es la medalla de plomo ya no satisface a nadie.

Salvo a Andrés Manuel. Ya ha adelantado sus sospechas que deben leerse como certezas: si él gana las elecciones, éstas son válidas. Si las pierde, son espurias. Y yo que pensé que ya habíamos salido del período de la lactancia cívica. No seamos, ya mamones. Que sea la última vez, Andrés Manuel. Porfis, ¿sí?

felixcortescama@yahoo.com