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Aunque el reformismo no les guste a los izquierdosos, una economía donde el 60% es informal por definición, y el 40% restante hace “planeación fiscal” es un lastre para cualquier esfuerzo distributivo.
Carlos Chavarria
mayo 16, 2018, 6:58 am

El péndulo de la historia económica siempre ha oscilado entre un estado distribuidor o uno concentrador de la riqueza y los puntos de quiebre o cambio están marcados por la impaciencia de la sociedad en la realización de sus esperanzas y siempre han terminado en cualquiera de los dos extremos, con más impaciencia y frustración.

Coincidentes con esos ciclos de esperanza-frustración aparecen personajes “reivindicadores” de todas las ofensas que quienes mucho tienen le han inferido a los más pobres. Esos salvadores establecen las reglas de medición y las magnitudes de todo, así como los mecanismos para devolverles a los desposeídos lo que otros les negaron.

Todo lo fundamentan en los “ismos” de moda y los enemigos más a la vista según la geometría del poder imperante y con eso pueden crear esperanzas de nuevo.

Carlos Marx y Federico Engels fueron creadores de esperanza para una sociedad rural pobre y una obrera aún mas pobre y explotada  de la Europa monárquica de finales del siglo XIX.

La profecía marxista se cumplió y el capitalismo monárquico se extinguió, pero no se cumplió la utopía distributiva de Marx y el surgimiento de la dictadura del proletariado. En su lugar para darle a cada quién según su necesidad y a cada cuál de acuerdo a su capacidad se instaló el estado centralista que con rapidez migró a una monarquía burocrática con poder total sobre buenos y malos.

El modelo económico resultó en una granja expansionista centralmente planeada y de subsistencia mediana para todos, excepción claro está de las élites burocráticas que disponían a su antojo de las plusvalías de la mano de obra que Marx pensaba que se repartieran entre todos. Eso es el estalinismo.

Si en alguna región se ha abusado de Carlos Marx ha sido en América Latina, donde usando el discurso del materialismo histórico han surgido diversos movimientos sociales y políticos encabezados por individuos, que en su origen fueron anarquistas, y que vieron el en marxismo la respuesta oportuna y completa a todos los males de sus países.

La única verdad es que la dictadura  del proletariado nunca la dejan aparecer y en cambio construyen estados totalitarios que controlan todos los aspectos de la vida de la sociedad y poco a poco en una perfecta ironía van sembrando las bases de su propia extinción, sin importar los costos que le transfieren  a las sociedades como resultado de sus mandatos.

Todos los gobiernos sustentados en el estalinismo avasallador, anti-reformista, anti-revisionista, que piensa dirigirlo todo terminan mal en todos los órdenes de su actividad.

Los estados socialistas que han sobrevivido y mejorado su condición, lo han  hecho al reconocer en sus constituciones a la iniciativa de los individuos también como fuente generadora de riqueza y no a la colectivización forzada.

Vietnam modificó su constitución en 1992, la China de Mao hizo lo propio poco después de la caída del muro de Berlín, la Europa Oriental se integró al mundo liberal  por completo y solo persisten en sus tercos afanes estalinistas a Cuba y Venezuela.

No obstante las evidencias empíricas, en Latinoamérica vuelven a la carga los mismos personajes que insisten en hacer más grande el Estado y darle más poder a los gobiernos, aplicando las reglas del caudillaje para conducir  a sus países, sin importar siquiera que la evolución debería ser en sentido inverso, más sociedad, menos gobierno.

La izquierda europea y la oriental sostienen la tesis de adpatarse a los movimientos de la historia económica y reconocieron que los costos de la burocracia centralista son una enorme carga que gravita sobre la propia ciudadanía convirtiéndose en su principal debilidad estructural.

Los principales mercados de los países que migraron del socialismo hacia el centro, son los que forman grupo de los 8, en el cual los EEUU son el más dispendioso y derrochador y es ahí hacia donde dirigieron su esfuerzo para su expansión económica.

Mientras nosotros en México tenemos la posición más ventajosa en relación al resto del mundo, continuamos perdiendo el tiempo con falsos dilemas acerca de la política económica y estamos enfrascados en resolver qué tanto más gobierno hay que construir y olvidamos por completo las deficiencias de la política industrial enfocada en exportar mano de obra y no en el desarrollo de tecnologías de manufactura e informática.

El gran salto que debiera dar nuestro país no es hacia el desarrollismo del siglo pasado, sino dotar a nuestro recurso más abundante, el humano, del talento suficiente y necesario para atacar blancos económicos especifícos donde podemos ser más competitivos.

Es ocioso el deseo del “ala dura estalinista” de Morena, representada por los “taibos y noroñas”, de regresar el reloj de la historia 60 o más años, cuando el resto del mundo está comprometido con la apertura comercial y el libre flujo de capitales.

El socialismo estalinista nunca consiguió abatir la pobreza y, muy al contrario, los gobiernos obesos y diletantes profundizan las condiciones de pauperización, como ya lo vivió México en el pasado reciente.

Aunque suene a Perogrullo, la riqueza primero hay que crearla para luego repartirla, pero el hacerlo la transparencia y eficiencia  son los dos pilares para el éxito.

El ejemplo más clásico reside en el sector salud. El gobierno y los médicos han hecho un enorme esfuerzo y gracias a ellos se ha conseguido no solo elevar la vida media del mexicano, sino mejorar la calidad de la misma, tan es así, que ese propósito ha metido en problema al sistema de pensiones, pero todavía existen este sector mas de 350,000 plazas burocráticas y sin sentido del resultado.

Aunque el reformismo no les guste a los izquierdosos, una economía donde el 60% es informal por definición, y el 40% restante hace “planeación fiscal” es un lastre para cualquier esfuerzo distributivo.

Tampoco suena oportuno  prender la direccional izquierda pero meterse por la derecha como proponen algunos de los candidatos a la presidencia.

El modelo que planteó el ex presidente Salinas se implantó lento y mal, pero eso quiere decir que estuviera  equivocado del todo. Se debe acelerar el paso pero eso no ocurrirá con la izquierda centralista y feroz.