La Carpeta:
1 de 10
 
De esa suerte, los mexicanos no vamos a votar el siguiente domingo por el mejor candidato. Vamos a votar –porque tenemos que hacerlo– por el menos peor.
FELIX CORTES CAMARILLO
junio 25, 2012, 5:35 am

Esta semana que comenzó ayer tiene dos ventajas. Primero que legalmente termina el miércoles al doblar la media noche; segundo, que inevitablemente, los mexicanos ya no podremos pasarnos el día, los días, las horas, en el acertijo de pronosticar las exequias electorales del domingo que sigue. Todo ello pese a que en cualquier barra de cantina a la que me he arrimado, que son varias, cada uno de los parroquianos asegura saber con certeza el resultado de los comicios del uno de julio.

A mí lo que me preocupa es que nadie parece ocuparse, ni mucho menos preocuparse, de lo que va a pasar el dos de julio, cuando daremos inicio, así sea en pequeña escala, a un nuevo ciclo caldendárico azteca, ese que Lázaro Cárdenas inventó de seis años, en lugar de los cincuenta y dos que marca la Piedra del Sol.

Si el deporte nacional por excelencia de los mexicanos es adivinar el nombre de su siguiente tlatoani, ninguno tiene putañera idea de cual será su verbo a la mañana siguiente. La experiencia histórica nos enseña que nadie ha sido capaz de pronosticar la frialdad de Echeverría, la frivolidad de López Potillo, la grisura de Miguel de la Madrid o la destemplanza de Felipe Calderón. Dice la tradición que la verdadera personalidad se descubre en cuanto la banda tricolor se coloca en el pecho.

Por más de una razón, la alternancia en el poder de este año adquiere perfiles de singular importancia. La primera de ellas es la emergencia de caudales de jóvenes, coléricos como corresponde a su edad y carentes de atemperación y de raciocinio, que van a lanzarse presumiblmente a votar con las entrañas. La segunda, tal vez más importantre, es que de los cuatro candidatos nominados a la Presidencia de México no hay uno solo que valga la pena.

De esa suerte, los mexicanos no vamos a votar el siguiente domingo por el mejor candidato. Vamos a votar –porque tenemos que hacerlo– por el menos peor.

Pero no pensamos en lo que va a pasar el dos de julio. En la plaza de toros, antes del paseíllo, se toca el dos negro, un pasodoble de vigoroso tono. Pues qué se le va a hacer.

felixcortescama@yahoo.com