La Carpeta:
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Pobre y desventurado Jaime que en sus equinas andanzas solo confirma que el único proyecto que tenía era el de llegar al poder y nada más. Aviesos de todos nosotros los ciudadanos que nos negamos a aceptar la realidad tan positiva de sus resultados.
Carlos Chavarria
febrero 11, 2018, 1:06 pm

Como todo buen político populista durante su campaña de más de tres años para llegar a la gobernatura de Nuevo León, Jaime Rodríguez le siguió la corriente a todos los sectores. Los empresarios no fueron la excepción.

Aseguró que si durante su mandato las evaluaciones de su gestión fueran negativas estaría dispuesto a dejar el poder, referéndum de por medio, según él.

No acabó de cumplir sus primeros 100 días y ya empezaba a descalificar a los procesos de evaluación que de su trabajo hicieron algunas organizaciones, como la plataforma “Cómo Vamos…”.

Ahora le tocó el turno de la descalificación a la COPARMEX. Este sindicato de patrones, de empresarios acaba de hacer pública su medición. Mediante encuesta entre sus agremiados de la seguridad en Nuevo León y, veloz cual saeta envenenada, Jaime Rodríguez Calderón los embiste con una de sus típicas baladronadas contestatarias para eludir el asunto: “ …los voy a evaluar a ellos a ver que piensan sus trabajadores… sus salarios que pagan, sus condiciones de trabajo…”.

Seguro que cree y piensa que nadie lo merece por lo bien que están resultando las cosas bajo su gestión y que los medios de comunicación continúan inflando nuestras pésimas percepciones acerca de la realidad imperante, es decir, los ezquizofrénicos somos nosotros.

Ya ni las formas le interesa guardar. Anda en su absurda campaña para presidente ofreciendo lo mismo que fue para gobernador y en medio de su discurso muy rupturista según él, va y agarra pleito con los empresarios, que antes lo patrocinaron, los que por cierto lo trataron no tan mal en su evaluacion, si tomamos en consideración la misma evaluación del tema que hizo para 2017 el organismo Latinobarómetro en la que se destaca que 33% de los mexicanos declaran haber sido víctimas de algun delito en el último año, mientras la de COPARMEX habla de un 19% en el mismo asunto.

Ahora ya arrastró en su  loco afán al muchacho que dirije la procuraduría , quien mudo de ideas toma el mismo discurso de nuestras deformadas percepciones acerca de lo que en sus evangelizadoras gráficas y estadísticas internas está en muy normal y mejorado nivel.

Pobre y desventurado Jaime que en sus equinas andanzas solo confirma que el único proyecto que tenía era el de llegar al poder  y nada más. Aviesos de todos nosotros los ciudadanos que nos negamos a aceptar la realidad tan positiva de sus resultados.

La definición mas simple del poder nos habla de la capacidad de coacción que ejerce alguien para lograr cambios significativos en su entorno. Si se le agrega el calificativo de político se infiere que esos cambios ocurrirán en la sociedad sujeta de quien lo ejerce y que los cambios serán para bien y no para mal.

Jaime Rodríguez, como la gran mayoría de los políticos que buscan la leonora, no hacen sino recordarme a los Césares romanos cuyo concepto del poder se resume en cumplir sus sueños personales acicateados por su orfandad intelectual, para lo que solo necesitan darle al pueblo pan y circo.

Pero a diferencia de los romanos, este emperador de Nuevo León no dejaraá ninguna obra o acción perdurable en la memoria de nadie, pues en su mente poco le importa la degradación de su entorno cuando se trata solo de alcanzar un éxito que en nuestro equivocado sentido nunca logrará.

Jaime Rodríguez y su mandato no son sino una pifia más de nuestra democracia populachera, aclamativa y pueblerina, que se rije, primero, por el engaño reiterado con el beneplácito de sus electores y, después, por la decepción, en un ciclo interminable y nefasto.

Claro que COPARMEX tiene razón, las cosas no están bien en nuestra tierra. Los problemas no se arreglarán solos, y menos cuando ya sabes para qué querías el poder, solo para tener el cielo y las estrellas en tus manos y hacer posible ante tus ojos lo imposible de tus sueños.

Kafkiano, pero cierto.

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