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Los grandes monopolios como Telmex nacen a expensas del gobernante en turno, es decir, son inventos del gobierno. Cada Presidente de la República escoge a sus empresarios favoritos, quienes reciben los mejores créditos, los más jugosos contratos y los nexos con el poder político para hacer negocio.
Eloy Garza
febrero 23, 2017, 9:53 am
eloy-nuevo Los grandes monopolios como Telmex nacen a expensas del gobernante en turno, es decir, son inventos del gobierno. Cada Presidente de la República escoge a sus empresarios favoritos, quienes reciben los mejores créditos, los más jugosos contratos y los nexos con el poder político para hacer negocio.   Los monopolios los crea el gobierno federal distribuyendo favores, fijando inequitativas reglas del juego económico y subsidiando a las empresas de su predilección. Al “monstruo frío del Estado”, como lo definió Nietzsche, le gusta parir hijos que más tarde serán sus parricidas.   Luego las grandes empresas, inventadas por el propio gobierno, terminan cabildeando en su propio beneficio las regulaciones que impone el Poder Legislativo. ¿Quién sale perdiendo en este caso? Las medianas y pequeñas empresas que sí tienen que ajustarse a leyes económicas cocinadas “ad hoc” para las corporaciones gigantes, lo que las lleva a la quiebra prematura, a limitar su expansión y en muchos casos, a no empezar siquiera a operar comercialmente.   Está comprobado que a las empresas con menos de 20 empleados les cuesta 50% más recursos cumplir con las regulaciones y normatividades, de lo que les cuesta proporcionalmente a las grandes compañías con 500 o más empleados. En la economía mexicana, el suelo no es parejo para todos los emprendedores.   Mientras el gobierno fomenta el éxito de grandes corporativos como Telmex, perjudica a las pequeñas empresas y desalienta la creación de otras nuevas. Así, se olvida que un derecho no es lo que la autoridad te debe dar, sino lo que nadie te debe quitar. Pero en México esta máxima sólo es lujo de algunos privilegiados que exigen la libre competencia en todos los negocios, menos en el suyo, donde exigen monopolio asegurado.