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Otro mecanismo de consulta de una sola vez reside en algo que parece inocuo y son los decretos de excepción, en los cuales el presidente pide el poder actuar sin consultar a los demás poderes ante situaciones que parecieran muy razonables.
Carlos Chavarria
junio 1, 2018, 1:22 pm

AMLO ha insistido en que para la toma de decisiones controversiales, como el nombramiento de fiscal general de la nación, la legalización de las drogas y el aborto, la lucha contra la corrupción, la cancelación de las reformas y casi cualquier tema lo mejor sería lo que él llama “consultas populares”.

A eso le llama López la “democracia participativa”, que no es tal. El adjetivo “participativa” para la democracia no es más que un garlito del castellano. Si nos guiamos por la definición del diccionario, participar es “actuar, junto con otras personas, en un suceso, un acto o una actividad, generalmente con el mismo nivel de implicación”.

Participar en las decisiones del gobierno es “actuar con el mismo nivel de implicación” de quienes detentan el poder público y no solamente pedir la opinión del pueblo, que es lo que propone el socialista de López.

El asunto riesgoso es que la consulta popular es un proceso de elección que será diseñado y dirigido desde el gobierno con el propósito de lograr el aval de algunas decisiones que en realidad no están sujetas  a discusión pero se organizan falsos dilemas  alrededor de ellas.

Los fenómenos más cercanos donde se pueden constatar el gran sesgo que se incluye en las consultas populares son los casos de las reformas chavistas a la constitución de Venezuela y la salida del Gran Bretaña de la Unión Europea conocido como “Brexit”.

Chávez fue convenciendo con gran paciencia a sus legisladores de que la mejor solución para dirimir las controversias legales entre los poderes públicos eran las consultas populares y como inocentes párvulos  se fueron sometiendo a ese mecanismo cuestiones que ya estaban establecidas en las leyes vigentes, llegando al extremo de perpetuarse en el poder gracias a las consultas populares y destruir a su país.

El caso del Brexit es similar. Salir de la UE es a todas luces una decisión que los ciudadanos ingleses saben que los someterá a una nueva etapa de estrés económico pero el sesgo en el discurso a favor del Brexit engañó a la opinión pública tal y como hizo Poncio Pilatos y su consulta pública para ver a quién liberaba, si a Cristo o a Barrabás.

Otro aspecto crucial de las consultas y de la participación ciudadana en las decisiones reside en la ignorancia de la comunidad del fondo técnico de muchos de los temas.

No existe una forma económica de convertir a los ciudadanos en expertos en todo y sí muchas de engañarlos con argumentos grises que parecen verdad, pero no lo son.

AMLO quiere apoyarse en estos mecanismos de consulta para eludir a los poderes legislativo y judicial. No quiere negociar nada con ellos por eso los incluye en su “mafia del poder”.

Nada más imaginemos que le consultáramos a la masa la cancelación de la reforma educativa y como le hacia Don Francisco en la TV: “A ver qué dice el público” y nos guiáramos por  ver quiénes gritan más, todo para sacarle la vuelta al equilibrio de poderes en nuestro país, que es el corazón de un gobierno representativo emanado de un proceso electoral.

Otro mecanismo de consulta de una sola vez reside en algo que parece inocuo y son los decretos de excepción, en los cuales el presidente pide el poder actuar sin consultar a los demás poderes ante situaciones que parecieran muy razonables.

Hugo Chávez usó este medio aduciendo algunas razones que parecen irrebatibles. Chávez pidió poderes excepcionales ante: “Ataques a la economía nacional y la estabilidad democrática que ponen seriamente en peligro la seguridad de la nación, los ciudadanos y la institucionalidad, así como la necesidad de aplicar urgentes y excepcionales medidas para proteger al pueblo en función de las amenazas internas y externas existentes”.

Después de esto ya ni siquiera fue necesario hacer consulta alguna pues es el mismo gobierno el que define qué y qué no encaja en la condicionante antes mostrada. La primera medida urgente fue disolver la Asamblea Nacional venezolana. Lo que siguió ya es conocido por todos, el totalitarismo y la dictadura.

Fueron muchos años y esfuerzos para acabar con la “dictadura perfecta” que ejerció el viejo PRI como para querer regresar ahora a otra dictadura a secas encabezada por un narcisita autoritario como López.