La Carpeta:
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Igual me duelen los 43 muchachos de Ayotzinapa como aquellos casi olvidados 170 cuerpos acerados y fríos de San Fernando y las decenas de miles de desaparecidos silenciosos que han perdido la vida por algo tan simple como porque sí.
Carlos Chavarria
septiembre 4, 2018, 4:04 pm

Tomar la vida de alguien es un residuo de nuestra genética animalesca y negar las enormes posibilidades de la vida en sociedad. La impunidad a sabiendas, es inaceptable desde el ángulo que se le mire y lo ocurrido en Acatlán Puebla debe ser perseguido con toda la fuerza del estado, hasta que se condene con absoluto rigor a los autores instigadores, los ejecutores y sus copartícipes.

Al gobierno del estado de Puebla no debe temblarle la mano para castigar esta terrible Fuenteovejuna que lo único que revela es la pobreza sociocultural de algunas regiones del país.

Tardamos 30 mil años para alejarnos del salvajismo y aún entre nosotros se despierta  el cavernícola que todos tenemos amarrado con la  fuerza de la voluntad y el pensamiento.

Formulamos diversos mitos salvíficos y diseñamos aparatos sociales, como las leyes para alcanzar la mayor colaboración posible y voluntaria de todos en aras de, al menos, ser mejores que los  animales, y de pronto irrumpe una turba antisocial amparada en la fuerza del anonimato y el engaño de la  falsa retribución del ojo por ojo y diente por diente.

Que no vengan a decirnos para expiar sus culpas, cuando la adrenalina baje, que esto es consecuencia del pobre nivel de eficiencia punitiva de los sistemas y aparatos de justicia, tratando de que sea pequeñito el crimen tribal cometido.

Luchar contra el crimen siempre ha sido tarea difícil. El criminal, como el jugador de ajedrez que lleva blancas, tiene siempre la ventaja del tiempo. El criminal es el primero en saber lo que hizo y pavimentara las cosas para huir de la geografía y  circunstancias que lo condenan.

Toda muerte violenta debe ser motivo de luto para la humanidad entera, pero a fuerza de una modernidad descarnada y un pragmatismo que todo lo clasifica según la estadística, nos ha convertido en testigos de un minuto de encono y a lo que sigue.

Igual me duelen los 43 muchachos de Ayotzinapa como aquellos casi olvidados 170 cuerpos acerados y fríos de San Fernando y  las decenas de miles de desaparecidos silenciosos que han perdido la vida por algo tan simple como porque sí.