La Carpeta:
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En el presente se logró que los mercados se apaciguaran un ratito. Se extinguió por lo pronto la incertidumbre. Y el sexenio de EPN terminó con un acierto de negociación comercial. ¿Poca cosa? No, si caemos en la cuenta de que los mexicanos somos afectos a las victorias de corto plazo.
Eloy Garza
agosto 29, 2018, 9:30 am

El Tratado McLane-Ocampo (suscrito el 14 de diciembre de 1859) tiene mala fama histórica en nuestro país, pero sirve para entrever algunos aspectos del actual Acuerdo Bilateral México-EUA para renovar el TLCAN. Por ejemplo, ambos no son tratados ni acuerdos sino apenas cartas de intención, o como se dice ahora, un entendimiento.

Esto lo previó en aquel lejano año del siglo XIX, Benito Juárez. ¿Para qué lo firmó entonces? Simple: el Benemérito sabía de antemano que no lo aprobaría el Congreso de EUA. De esa manera astuta, consiguió apoyo militar del gobierno norteamericano en contra de los invasores franceses, canjeando puras promesas. El joven enviado de México en Washington, Matías Romero, lo informó a sus superiores que no pasaría porque tenía estrechos contactos con los políticos norteamericanos que le informaron al respecto. Para él no hubiera estado nada mal que se abriera una zona de libre tránsito en el Istmo de Tehuantepec (antes del Canal de Panamá) auspiciado por nuestros vecinos del norte, pero los ataques conservadores provocaron que se viera como una bendición el rechazo del Congreso norteamericano.

Ahora, al Acuerdo Bilateral entre México y EUA le pasará lo mismo. Lo ha aprobado el presidente Trump, pero tras su envío el 31 de agosto al Congreso norteamericano, éste no lo ratificará ni en noviembre próximo ni en febrero o marzo del 2019 aunque así lo crean varios analistas ilusos. Ya se verá. A menos de que Canadá ceda a las presiones y se incorpore en los próximos tres días, lo cual no ocurrirá. Pensemos que los  legisladores norteamericanos son más procanadienses que promexicanos. Los une con Canadá la misma lengua, el mismo origen y más cadenas productivas que con nosotros, sus vecinos del sur. Por eso es más probable que se mantenga el tratado bilateral existente entre Canadá y EUA (más antiguo que el TLCAN), a que se renueve el acuerdo que firmamos en la Casa Blanca. Trump consiguió dividir a México y Canadá, pero si no firmamos un TLC trilateral, no avanzará en el legislativo.

¿Entonces por qué es un éxito para el gobierno mexicano? Por motivos similares por los que el Tratado Mc-Lane-Ocampo fue un éxito para Juárez: porque obtuvimos ventajas inmediatas. En aquellos días, se consiguió el reconocimiento de EUA a la república liberal. En el presente se logró que los mercados se apaciguaran un ratito. Se extinguió por lo pronto la incertidumbre. Y el sexenio de EPN terminó con un acierto de negociación comercial. ¿Poca cosa? No, si caemos en la cuenta de que los mexicanos somos afectos a las victorias de corto plazo. Eso sí: las negociaciones de fondo apenas están por venir.