La Carpeta:
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Para realizar una transformación de gran calado, lo que sea que esto signifique para AMLO, requiere otro tipo de talento, no se requiere siervos dóciles, sino creativos pragmáticos y honestos, capaces de decirle los pros y contras con firmeza al presidente.
Carlos Chavarria
agosto 29, 2018, 9:51 am

A López Obrador lo aqueja el mismo complejo que afecto a Fox. Mientras son oposición vocinglera no necesitan más talento que una lengua larga y dotes histriónicas.

Poco a poco, la incompetencia y del desgaste de quiénes ocupan el poder les va “dando la razón” en sus argumentos axiomáticos.

El atorón empieza cuando acceden al poder. Necesitan un equipo para gobernar y no son personas que trabajen en equipo, sus proyectos son de un solo hombre, ellos.

Fox hizo la faramalla de los “head hunters” para que reclutaran a su equipo de primer nivel, pero que en realidad nada más avalaron las listas que ya tenía a la mano.

AMLO enfrentado a la misma circunstancia decide contratar a su equipo, que tiene más pasado que futuro y uno que otro joven con más ímpetu que experiencia, total lo que requiere el estilo de liderazgo de López es docilidad y nada más. En ese caso tiene al equipo ideal para su gestión pero no para el país.

En el gobierno se dan tres tipos de tareas: proyectar, operar y asegurar o controlar.

En todos los países democráticos  o no, el direccionamiento lo hace el presidente acotado bajo el precepto constitucional, convertirlo en proyectos ejecutables primero, después factibles, y al final realizables, es materia de conocedores, no del presidente generalista por más intuitivo que sea.

Ahí entra la necesidad del talento en el primer nivel, el de los secretarios. Si ese primer nivel también está formado por generalistas pragmáticos entonces el nivel realizador será el de los subsecretarios y así hasta que se encuentre el verdadero talento ejecutivo.

Las tareas de operación y control están entregadas por simple relación temporal a los mandos intermedios y burócratas de carrera que surgen de la evolución pasada del sistema gobierno.

Por el lado que se le vea una persona de más de 80 años sirviendo en un gobierno en una posición ejecutiva, tendrá una visión de muy corto plazo, apuntalada en su gran pasado, por más brillante que haya sido.

Si pensamos en términos de la relevancia de los resultados para una nación, no son el talento idóneo, a lo mejor en la literatura o en la educación u otras áreas de la actividad humana no sea así, pero en las organizaciones cuya misión es el servicio no son lo ideal.

Por el otro lado, el de los muy jóvenes, por mas elocuentes que sean, que tienen más energía e ímpetu que experiencia y madurez realizadora, son muy útiles en áreas donde la energía y la impulsividad son demandadas, como el turismo, el deporte, la organización de eventos, etc., pero no en áreas que exigen demasiada prudencia como las políticas sobre relaciones laborales, la energía, el desarrollo social, etc.

Para la administración que viene, si nos guiamos por los hechos hasta ahora; es mas importante la confianza que el talento, por desgracia, los proyectos que busca cumplir López Obrador demandan más talento y conocimientos que confianza y es seguro que las personas designadas hasta ahorita no duren mucho tiempo a bordo, serán los desgastables.

López Obrador no es buen administrador, es del estilo activista. Siempre tienen la agenda llena (conferencias mañaneras), el altero de papeles en el escritorio, no tienen tiempo para casi nada, es postergador de las decisiones, es errático, prefiere dar bandazos contra seguir una estrategia, le gustan los acuerdos verbales ambiguos y siempre deja espacio para moverse al filo de las definiciones concretas (¿Guardia Nacional?).

Para realizar una transformación de gran calado, lo que sea que esto signifique para AMLO, requiere otro tipo de talento, no se requiere siervos dóciles, sino creativos pragmáticos y honestos, capaces de decirle los pros y contras con firmeza al presidente.