La Carpeta:
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Cualquier estudiante de economía podrá explicar lo que significaría volvernos a arriesgar a perder la liquidez para enfrentar el muy agresivo mercado de monedas y cualquier problema de balanza de pagos.
Carlos Chavarria
noviembre 17, 2018, 10:57 am

Hace algunos días y como resultado de algunos discursos de los diputados de MORENA volvió a ponerse sobre la mesa el usar las reservas internacionales para aplicarlos al gasto y a la inversión pública. Para la opinión populachera suena bien pues “para que son los bienes sino para remediar los males”.

Cualquier estudiante de economía podrá explicar lo que significaría volvernos a arriesgar a perder la liquidez para enfrentar el muy agresivo mercado de monedas y cualquier problema de balanza de pagos.

No olvidemos que las crisis económicas de 1976, 1982, y 1994 aunque con orígenes diferentes no pudieron enfrentarse  debido a una pésima política en el manejo de la liquidez.

Pero más allá de cambiar los objetivos del Banco de México o de volver a la época cuando López Portillo pontificaba que la “economía se dirige desde Los Pinos”, surgen las voces sospechosistas  que ven conspiraciones internacionales y domésticas por todas partes para explicar el ambiente de criticismo que ha despertado AMLO y  enarbolan el argumento de los complots y golpismo  desarrollado por los explotadores que impiden el desarrollo de nuestro país.

La distancia  entre  este último razonamiento y el  asilacionismo  económico como respuesta es de un solo paso con todas las nefastas consecuencias que implica.

Si bien las élites económicas locales e internacionales no han entendido que a la par del libre flujo de capitales y mercancías deben existir salvaguardas para las partes menos favorecidas en un esquema financiero global, también es cierto que muchos países con menos posibilidades y recursos naturales que México, no nada más han podido beneficiarse de la globalización sino, como en el caso del Tigre Asiático, le disputan el liderazgo comercial y económico en muchos sectores al llamado Grupo de los 8.

En México estamos atrapados por una clase política y los gobiernos que de ella emanan, que privilegian dogmas del pasado que ya mostraron su inoperancia pero son una respuesta explicatoria fácil para la poca capacidad que mostramos para resolver nuestros problemas y competir superando  al mundo que nos rodea.

Uno de los principales dogmas que nos abruma es el del caudillismo. Privilegiamos siempre a quien ofrece soluciones mágicas, que por supuesto no existen, en lugar de convencernos de que es más importante la consistencia en la acción y el realismo en los propósitos, que el espíritu reivindicatorio por más carismático que sea.

El clientelismo emanado del caudillo, que afecta a ricos y pobres, maniata la voluntad y perpetúa el estado imperfecto de las cosas a cambio de mantener a una sociedad entera en la zona de confort de esperar que el gran líder tenga solución para todo problema y cada exigencia para que al mismo tiempo se cumpla la antilógica de mejorar sin costo o esfuerzo alguno al rendido.

Siempre estamos esperando la llegada del líder paternal autoritario que aunque no respete la ley pero mantenga el orden, que reprima pero que recompense, que distribuya, que regale lo inexistente aunque después se tenga que pagar, un líder que nos lleve a  la modernidad con métodos antiguos aunque sepamos que no funcionan.