La Carpeta:
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Y Calderón es un cero a la izquierda (o más bien a la derecha) y no pinta en el tablero político del futuro próximo. Ni del futuro lejano. Él lo sabe, pero se lo calla.
Eloy Garza
noviembre 21, 2018, 5:15 am

Ricardo Anaya jugó sus cartas en el relevo del PAN y dejó a Marko Cortés como dirigente nacional de ese partido. Hay que decirlo: fue una buena jugada, con menos desgaste de lo previsto. Cortés ya había crecido políticamente como pastor del rebaño de diputados panistas, en la pasada legislatura y contra todo pronóstico, terminó decorosamente su cargo, sin escándalos ni rebeliones internas de importancia, a excepción del maltrato innecesario a Gustavo Madero. Cortés, en términos generales, fue un comedido coordinador de bancada.

Las quejas de Felipe Calderón en contra de Marko, que propició finalmente su renuncia al partido que lo llevó a la presidencia de México en 2006, estuvieron fuera de lugar. El poder no se cede por nada, no se suelta por nada, ni se comparte con los enemigos por nada. Y la figura de Calderón, ya se vio, a estas alturas, casi no es nada. Creyó que provocaría un tsunami su renuncia a su militancia panista, y acabó en agua de borrajas. Supuso que se iría con él una marabunta de panistas agraviados, y casi lo dejaron solo. Pensó que tendría eco su convocatoria tácita a formar una nueva agrupación política  y a excepción de un par de articulistas maiceados, lo dejaron chiflando en la loma.

Para Cortés fue un alivio que Calderón se fuera al fin del PAN. Le quitó molestias. Como se las quitará próximamente la renuncia de la cada vez más desaforada Xóchitl Gálvez.  El verdadero pendiente de Marko ya no es el ex mandatario sino la forma como negociará con un aliado inconstante: Rafael Moreno Valle, quien será (a no dudarlo) el próximo coordinador de la bancada panista en el Senado; lo será aunque quiera disputarle el puesto Josefina Vázquez Mota, reina de todas las derrotas. Otro pendiente de Marko será controlar a los 103 legisladores que tiene en el Congreso y a los gobernadores panistas, casi ninguno aliado suyo. Pero hay que reconocerlo: el PAN no está hecho pedazos como dictaminan algunos, aunque deberá reconstruir cuanto antes su rol como principal opositor a AMLO (otras fuerzas le llevan más camino recorrido y difícilmente las alcanzará).

El tiro de gracia al futuro político de Felipe Calderón se lo dio Jesús “Rey” Zambada, cuando lo acusó de recibir dinero del narcotráfico durante su presidencia. Mala señal: si el rio suena, agua lleva. O al menos, por lo visto, a Calderón lo aguardan enemigos políticos más poderosos que Ricardo Anaya y Marko Cortés, de quienes tendrá que cuidarse para que su expediente personal (y ya no solo político) se siga manchando. Eso sí: peor a tener una mala reputación como actor político, es no tener ninguna reputación que valga. Y Calderón es un cero a la izquierda (o más bien a la derecha) y no pinta en el tablero político del futuro próximo. Ni del futuro lejano. Él lo sabe, pero se lo calla.