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Con el USMCA, Trump está más cerca de su reelección y AMLO más convencido de la irrelevancia de relacionarse con el resto del mundo. Dudo que el futuro les de la razón a ambos.
Eloy Garza
octubre 3, 2018, 9:39 am

La visión global de AMLO es miope: tiene dificultades para visualizar lo lejano, lo que acontece más allá de las fronteras de México. Renegó del TLCAN durante sus sucesivas campañas presidenciales. Bajo la coraza de la Doctrina Estrada, ha jurado respetar la vida interna de las demás naciones, pero en realidad, tiene muy poco qué opinar sobre geopolítica. Es un provinciano en el mejor y peor sentido de la palabra.

Ahora bien: por eso, por ser un provinciano, un corto de miras internacionales, ganó la elección presidencial. No externo ninguna contradicción. El discurso de AMLO, tan básico, tan didáctico, tan reacio a profundizar en nada, legitimó el miedo que guardan muchos mexicanos a la globalización. Buena parte de los seguidores del tabasqueño desconfían del libre comercio, creen que solo un Estado protector puede salvarlos de los embates exteriores. Sueñan con el México de los setenta.

El nuevo acuerdo entre Estados Unidos, Canadá y México no es un triunfo del libre comercio: es en todo caso el reforzamiento de la creencia que tienen los electores de Trump (y aquí de AMLO), de que estaban en lo cierto: hay que proteger el mercado interno, no el intercambio de bienes y servicios entre naciones; hay que cuidar las fuentes de empleos locales, sin preocuparse por adaptarlos a la disrupción tecnológica.

El principal ganador fue Donald Trump con su negociación a base de chantajes, ofensas, agravios, y amenazas arancelarias. “Sin aranceles no tendríamos este acuerdo” dijo el remedo de tirano. Se salió con la suya el mafioso del barrio y AMLO lo elogia como persona “tolerante y abierta”. Cree el tabasqueño que la cláusula del Tratado que impone un salario mínimo de 16 dólares por hora para quienes trabajan en automóviles y camiones fue un éxito para los trabajadores mexicanos. No entiende que se acabó de un plumazo con las ventajas competitivas de México frente a EUA. Las armadoras norteamericanas sufrirán el incremento de sus costos de producción y a mediano plazo preferirán regresarse a EUA.

Fuera de esta mala nueva, no nos engañemos: con excepción de algunas limaduras aquí y allá, con cambios cosméticos y ornamentales, el USMCA es el mismo Nafta. En esencia, no cambió. Es sólo la legitimación del proteccionismo, del nacionalismo económico de Trump y del que ha postulado AMLO, que les permitirá gobernar sus respectivas naciones con más holgura y obcecación.

No es que ambos (tan amorosos últimamente uno del otro) hayan  flexibilizado su pensamiento y de buenas a primeras se convirtieran en defensores del libre comercio global. Es sólo que ya tienen más armas económicas para aislar mejor a sus países y cumplir sus caprichos proteccionistas.

Con el USMCA, Trump está más cerca de su reelección y AMLO más convencido de la irrelevancia de relacionarse con el resto del mundo. Dudo que el futuro les de la razón a ambos.