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La percepción que esos números producen entre la ciudadanía es que la victoria de EPN ya es inevitable, pero esa ventaja demoscópica consignada durante años por las encuestas autorizadas, convierte en incomprensibles, por innecesarios, los planes de compra de sufragios y votaciones amañadas del aparato electoral del PRI, denunciados igual por el PAN que por el lopezobradorismo.
Raul Rodriguez Cortes
junio 27, 2012, 8:50 am

Hoy terminan las campañas políticas y el domingo será la votación ¿Cómo llegan a ella los candidatos presidenciales? El único referente son las encuestas autorizadas por el IFE pero cada día menos creíbles por cada vez mas ciudadanos. Las razones de su incredulidad son motivo de otro análisis. Por lo pronto, todas esas encuestas dan a Enrique Peña Nieto una ventaja en la intención del voto que va de seis a doce puntos porcentuales sobre Andrés Manuel López Obrador quien, a su vez, está entre uno y tres puntos adelante de Josefina Vázquez Mota. Muy lejos de ella, en el sótano, colocan a Gabriel Quadri.

La percepción que esos números producen entre la ciudadanía es que la victoria de EPN ya es inevitable, pero esa ventaja demoscópica consignada durante años por las encuestas autorizadas, convierte en incomprensibles, por innecesarios, los planes de compra de sufragios y votaciones amañadas del aparato electoral del PRI, denunciados igual por el PAN que por el lopezobradorismo. De esos plantes, sin embargo, aparecen más evidencias cada día, lo que sugiere que la mentada ventaja no es tan amplia ni el triunfo tan seguro.

Hace seis años, antes, durante y después de los comicios presidenciales, el país se dividió entre quienes siguen convencidos de que les robaron la elección y quienes aseguran que su triunfo fue legítimo, así haya sido por unos cuantos votos. Antes de los comicios de 2006 –y nadie podría negarlo a estas alturas- hubo una “guerra sucia” contra López Obrador operada por el entonces presidente Vicente Fox, el aparato del primer gobierno panista y los grupos de poder económico. El día de la elección, el IFE no dio a conocer los resultados de sus conteos rápidos porque dijo que estaban muy cerrados para ser pronunciados. Los días subsecuentes, el conteo del PREP mandó señales contradictorias respecto al ganador y, finalmente, se desató un conflicto postelectoral y las huestes lopezobradoristas impugnaron la elección y exigieron el recuento voto por voto que el Tribunal Electoral no concedió en su totalidad. Esa máxima instancia electoral acabó por reconocer que Fox y otros poderes fácticos habían incurrido en ilegalidades, pero no tantas como para invalidar una elección cuyo triunfo adjudicó al panista Felipe Calderón por una ventaja de 0.53% del total de los votos contados. De entonces a la fecha se ha argumentado para legitimar la victoria calderonista y para documentar un fraude supuestamente cometido en el escrutinio de los votos, colofón de la campaña de desprestigio implementada contra el candidato de la izquierda.

Hoy resulta menos probable la comisión de un fraude en conteo, según lo confirma una auditoría informática concluida ayer por la UNAM. Además parece haber mas candados dentro del IFE, sistemas de vigilancia partidista mas rigurosos y herramientas de denuncia inmediata de irregularidades como las redes sociales. De ahí que resulte verosímil que la alternativa para “amarrar” victorias no pueda ser otra que la vieja práctica de la compra del voto y los diversos mecanismos para llevarla a cabo.

Apenas el lunes pasado, el periódico La Jornada reveló un plan del SNTE que “pretende captar cinco millones de simpatías (votos) para Enrique Peña Nieto. El operativo electoral denominado “Ágora” involucra a 27 mil 473 activistas que mediante la compra del voto (entrega de dinero, costales de cemento, comida, tarjetas de débito) garantizan al menos tres millones y medio de votos favorables al PRI. “Ágora” costaría 151 millones de pesos, según el documento del SNTE que fue filtrado por disidentes de la CNTE.

Por otro lado, el gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila corroboró la realización de un encuentro en su casa el jueves 7 de junio pasado con EPN y 16 de los 18 gobernadores del PRI. En ella –denunció AMLO- los mandatarios priístas habrían comprometido cuotas de sufragios para su candidato presidencial.

Y el martes pasado, el PAN y el equipo de campaña de Vázquez Mota denunciaron que el PRI entregaría monederos electrónicos Monex por valor de 700 millones de pesos, como parte de la estrategia de compra de votos, cosa que el tricolor rechazó ayer tajantemente.

Quizás por todo lo anterior –y no tanto por las cifras demoscópicas- Peña retome del pasado Salinista el aserto de que su triunfo será contundente e inobjetable. Pero quizás por la preocupación que denotan las denunciadas maniobras, AMLO se asuma ya como el verdadero “puntero” mientras que Josefina prefiera dejar en manos de Dios y sus milagros una eventual victoria electoral.

En medio de todo eso lo que mas se aproxima a la realidad es que el domingo habrá una votación muy cerrada, probablemente de tres tercios, en la que el mejor resultado será el surja de una abundante participación, el mejor antídoto contra la compra de votos. Así que a votar, por el candidato de su preferencia, pero a votar.

(rrodriguez@angularotmail.com @RaulRodriguezC)