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Los aranceles propuestos por Donald Trump a las importaciones de acero y aluminio han puesto nerviosos a los directivos de las empresas estadounidenses. Es fácil imaginar que los otros países responderán gravando el whisky, las excavadoras de Caterpillar y los jets de Boeing hechos en Estados Unidos.
Staff
marzo 26, 2018, 10:25 am

Los aranceles propuestos por Donald Trump a las importaciones de acero y aluminio han puesto nerviosos a los directivos de las empresas estadounidenses. Es fácil imaginar que los otros países responderán gravando el whisky, las excavadoras de Caterpillar y los jets de Boeing hechos en Estados Unidos.

“Dios bendiga a Boeing”, dijo Trump el pasado mes de febrero, y también por esas fechas expresó “Amo a Caterpillar”. Poco servirán esas muestras de afecto a Boeing y Caterpillar, pues ambas son grandes consumidoras de metal y las presiones competitivas que enfrentan del extranjero solo se intensificarán con una guerra comercial.

Trump insiste en que no reculará en la imposición de gravámenes sobre las importaciones de acero y aluminio, aun cuando un creciente coro de líderes mundiales, ejecutivos corporativos y miembros de su propio partido critican la estrategia.

// El Financiero