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De ahí proviene el término de bancarrota. ¿Qué tanto está México en bancarrota, como dice el presidente Andrés Manuel?
FELIX CORTES CAMARILLO
septiembre 18, 2018, 11:11 am

Hay episodios de la Biblia que mucha gente que no ha leído el buen libro se refiere a ellos y los hace tópicos urbanos de conversación. Uno de ellos es la expulsión de los mercaderes de animales y cambistas que se ubicaban en el atrio del templo de Herodes en vísperas de la Pascua.

Los cuatro evangelistas coinciden en la narrativa de que el nazareno tomó un azote tejido y expulsó a los que vendían bestias —que, normalmente, eran utilizadas en la ofrenda religiosa— y a los cambistas que cambiaban monedas judías por romanas y griegas, pero que se dedicaban, también, a la usura.

Estos cambistas se sentaban en bancas pequeñas ante mesas donde hacían sus operaciones. Quince siglos después, en Italia, los cambistas y usureros seguían en las plazas, en idénticos bancos y mesas, como en Jerusalén, para su negocio. La autoridad de entonces, cuando alguno de ellos perdía liquidez para hacer frente a sus compromisos, le obligaba a romper públicamente su mesa y su banco, para que todo mundo se enterara de su insolvencia.

De ahí proviene el término de bancarrota. ¿Qué tanto está México en bancarrota, como dice el presidente Andrés Manuel?

Desde luego, al decir que recibe un país en tal circunstancia, no se refiere únicamente a la gestión de Peña. La referencia es a 30 años de escaso crecimiento de nuestra economía y una persistente y mala administración. Específicamente, a partir del villano favorito que se llama Carlos Salinas. Durante 30 años, entre 1940 y 1970, el crecimiento económico de México fue superior al seis por ciento del Producto Interno Bruto. Más adelante, con López Mateos y Díaz Ordaz, se mantuvo por encima del seis, pero luego comenzó el descenso. En los últimos 30 años no hemos podido superar el 2.5%, mientras China y la India lograban el doble dígito —llegaron a 12%— y siguen arañando el diez por ciento.

Las proyecciones de crecimiento para nuestro país han descendido por debajo del 2%. Hay pronósticos siniestros del 1.5%. Una tasa deseable, que los mexicanos se merecen, debiera ser lo que en su momento, insensatamente, prometieron Fox y Calderón del seis o siete por ciento. No hay tal.

Pero de ahí a que México está en bancarrota hay una gran distancia, pero es una distancia que, sin duda, vamos a recorrer. Andrés Manuel no está hablando de la economía que está recibiendo, sino de la que va a entregar. Es obvio que el México de Andrés Manuel no tiene dinero para hacer realidad las promesas y los sueños de un gobierno pobre con pueblo pobre. Pero, como decía mi abuela, lo prometido es deuda.

Y el México que va a despedir al 70% de la burocracia y que va a reducir los salarios y que va a restringir el gasto público no tiene futuro boyante. Nuestro país necesita un gasto público activo, inversión pública y privada, generación de empleos, impulso al consumo, para retomar el desarrollo estabilizador que diseñó Ortiz Mena y que edificó el México de mis amores. La declaratoria de Andrés Manuel pudiera ser natural en un candidato. Pero el señor López Obrador es presidente de este país, aunque no se haya colocado todavía la banda tricolor en el pecho.

Pero, además, su definición es falsa: México no está en bancarrota y tiene posibilidades de recuperación si las circunstancias externas no le tienen guardado un colapso financiero como el de hace diez años. Pero para que esas posibilidades se hagan realidad es preciso que el presidente Andrés Manuel se decida a abandonar la oratoria fatalista y apantallante y se ponga a trabajar. Como todos los mexicanos debiéramos.

PILÓN.- Alguien está moviendo las aguas en el ámbito de la UNAM para provocar enfrentamientos que hace 50 años nos dieron una lección. Si no la aprendimos, somos muy pendejos.