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Pongo en mi cabeza un mapa elemental de calles. Buen Tono, por el rumbo de la vieja telefónica de Victoria. Imagino las humaredas antiguas de la usina de tabaco más famosa de México.
Staff
junio 7, 2012, 8:25 am
Cronista de guardia

Rafael Pérez Gay

El Universal

Pongo en mi cabeza un mapa elemental de calles. Buen Tono, por el rumbo de la vieja telefónica de Victoria. Imagino las humaredas antiguas de la usina de tabaco más famosa de México. Fábrica de Cigarros El Buen Tono, S. A. Algunas marcas salidas de su estanco: Elegantes, Charros, ¡Viva Huerta! (de corta duración), Caprichos, Gardenias, Héroe de la Paz. El empresario Eduardo Pugibet vino de Cuba y puso todo el conocimiento de la hoja loca en un pequeño hormiguero de humo y nicotina.

Camino por la calle de Pugibet, eminente porfiriano que salió pitando de la ciudad durante la Decena Trágica. Abandonó todo lo que dejaba a su paso. Vivía en alguna de estas casas de la calle que lleva su nombre. No sé cuál.

Gasto la suela otra vez en el Centro de la Ciudad. Encuentro el número 38: Gimnasio Nuevo Jordán, la catedral del box. A veces la vejez le da un toque de dignidad a las personas y a las cosas, éste es el caso de los tres pisos de salones para hacer pesas y crear deportistas fuertes, extraños guerreros mexicas que han desarrollado el músculo hasta lograr hipertrofias contundentes. En el último piso: arriba de los rings, los manejadores dan instrucciones perentorias a sus pupilos mientras entrenan y se rompen la madre dentro del encordado, el arte de los golpes, aquí se sueltan mazazos a lo bestia, el recto de derecha, el jab, el uppercut.

He perdido el tiempo. Me gusta el box, pero nunca había estado en el altar del templo que la Ciudad de México le dedica al boxeo. Aquí donde estoy parado entrenaron boxeadores como Julio César Chávez, Rubén “El Púas” Olivares, “Mantequilla” Nápoles, “Ratón” Macías, de entre el ejército de fajadores que han entregado su vida al encordado. Este fue el establo mítico de “El Cuyo” Hernández, aquí se sudaba la gota gorda y se soltaba metralla a granel, grandes dosis de cuero se dispararon en el Jordán, la Meca del deporte de los madrazos.

Recuerdo que acabo de leer esto en “Historias del ring”, antología de Alejandro Toledo y Maricarmen Ambriz (Cal y Arena, 2012): en “El Noble Arte”, Cortázar cuenta que una noche le tocó dejar estupefacta a una señora que preguntaba cuáles eran los grandes momentos del siglo XX que le habían tocado vivir. Sin pensar, Cortázar respondió: “Mire, señora, a mí me toco el nacimiento del radio y la muerte del box”. La señora, que usaba sombrero, pasó inmediatamente a hablar del poeta Hölderlin.

Desde una esquina donde dos jóvenes intercambian rectos y reciben golpes sobre la máscara protectora, pienso que el boxeo me gusta porque al peleador lo sigue la sombra del héroe trágico. Un perfil de ese personaje cuenta la historia del joven que ha tocado la gloria del triunfo: fama, dinero, mujeres, amigos, reconocimiento. El destino marca el fin de la felicidad y el héroe se asoma al abismo y dilapida toda su fortuna. La atracción del vacío lo devuelve al anonimato, pero ahora golpeado, sin fuerza ni dinero, perdido en el laberinto del desprecio. ¿Le dicen a usted algo los apodos y los nombres de “Pajarito” Moreno, “Kid Azteca”, “Toluco” López o “Chango” Casanova? Ellos cuentan la historia de ese héroe perdido en las sombras.

Del otro lado de esa línea de fuego, espera el boxeador a quienes los dioses abandonan a la hora de la verdad, ese guerrero que le ofrenda la vida al ring y da y recibe cuero al por mayor. En el gimnasio, bajo los estragos de los duros entrenamientos y hasta que la juventud lo abandona, ese soñador se retira en silencio. Imposible saber si entre estos fajadores alguien tiene madera de campeón. Nunca se sabe quien carga con sus sueños realizados en la espalda.

Vuelvo a la calle de Buen Tono. Un río popular envuelve en una nube los guantazos. Oigo a mi padre en algún lugar de la memoria:

—Ése es un upper. El otro un jab. Ahí tienes un recto. Mira la piernas, nunca dejes de verle las piernas a un peleador, sin ellas pierde el fuelle.

Amenaza lluvia en Arcos de Belén. Apresuro el paso mientras pienso: no les vi las piernas, carajo.

Twitter: @RPérezGay