La Carpeta:
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Lo triste es que, insisto, las diferencias terminan por provocar la incredulidad de los votantes en la herramienta de por sí muy lastimada por el uso electorero que se le ha dado en muchísimas ocasiones.
Francisco Tijerina
junio 1, 2012, 9:03 am

Para nadie es un secreto que además de ser una herramienta para conocer el posicionamiento en las preferencias electorales, las encuestas son utilizadas en múltiples ocasiones como una arma para convencer indecisos al proyectar la percepción de una victoria aplastante.

Por eso se dice que la verdadera encuesta es la elección, porque por muy cerrados o abiertos que estén los números de cualquier encuesta, esto no se acaba hasta que se acaba, como decía el viejo locutor de beisbol.

La encuesta es una ciencia casi exacta. Siguiendo parámetros establecidos para determinar el conglomerado a estudiar, sería difícil que dos encuestas tuvieran diferencias tan abismales como las que vimos ayer en el caso de los presidenciales entre las publicadas por el Grupo Reforma y el resto de las casas encuestadoras. Si todos dicen una cosa, con sus bemoles y pequeñas diferencias y El Norte y sus periódicos dicen algo muy distinto, es obvio que alguien se está equivocando. ¿Todos o uno?

En un mes los mexicanos conoceremos la realidad de este extraño episodio que termina por pulverizar la confianza ciudadana en las encuestas.

Para el caso de las alcaldías metropolitanas, he visto otros sondeos de distintos municipios que, otra vez, señalan abismales diferencias contra lo que hoy publica El Norte. ¿A quién creerle?

No estoy diciendo que El Norte mienta, simplemente intento buscar la explicación a las enormes diferencias entre unas y otras encuestas. La única explicación lógica que me viene a la mente es que existan errores metodológicos que pueden haber provocado los sesgos.

Con su encuesta el periódico regiomontano y su filial en el DF se juegan su credibilidad de cara al público, porque así terminen los candidatos en el orden que arrojan los resultados, lo verdaderamente importante será el legitimar las brechas entre unos y otros. Claro, falta un mes y todo puede ocurrir.

A algo se deben atener los editores al publicar estos sondeos con tan marcadas diferencias. A quienes no les gustan los resultados hablan de la posibilidad de una manipulación con propósitos ocultos; en esta ocasión para López Obrador no hay complot.

Lo triste es que, insisto, las diferencias terminan por provocar la incredulidad de los votantes en la herramienta de por sí muy lastimada por el uso electorero que se le ha dado en muchísimas ocasiones.

En política los milagros existen y en un mes sabremos quién tenía la razón.