La Carpeta:
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Y allá volvía yo al estrado y de nuevo a la silla y otra vez al estrado. Ni en el gym. Vaya mareada, pero valió la pena, querida almohada. Fue buena puntada estrechar la mano a todos y cada uno de los cienes y cienes de invitados (menos a Ruiz Massieu, para que se le quite). Como si fuera la última vez. ¿O fue la última para mi?
Eloy Garza
septiembre 4, 2018, 12:52 pm

Querida almohada: ya se que el Informe Presidencial se presenta formalmente ante el Congreso de la Unidad, o de la Unión, o como se llame esa cosa inútil. No lo hice. ¿A poco esperaba que me la fuera a jugar? Tipo, para nada. Ni ganas de que me fueran a interpelar, mejor me la interpelaron, digo yo. Para eso se inventaron los spots, los anuncios con voz en off y las bonitas imágenes en HD. ¿Para qué soltar discursos choreros si se puede ver la tele, todos juntos, sentaditos, aunque sin palomitas ni coca, porque nadie quiere innovar en este país de acomplejados.

Y allá volvía yo al estrado y de nuevo a la silla y otra vez al estrado. Ni en el gym. Vaya mareada, pero valió la pena, querida almohada. Fue buena puntada estrechar la mano a todos y cada uno de los cienes y cienes de invitados (menos a Ruiz Massieu, para que se le quite). Como si fuera la última vez. ¿O fue la última para mi?

Querían que actuara como director técnico después de perder el partido decisivo de futbol: por un gol, no, menos, como cinco. Dicen que soy el goleado que insiste en explicar la alineación que debió hacer con su equipo derrotado. ¡Qué exagerados, querida almohada! Yo no se de donde saca Monreal que heredaré un País en riesgo. Cuentan que debí hablar de la globalidad, de las complejidades del mundo actual, de nacionalismos y proteccionismos económicos, del desafío comercial con China, de todos esos factores que complican la forma de gobernar de cualquier mandatario con cabeza. Pero eso hubiera sido muy rebuscado para los mexicanos que no entienden de estas cosas (ni yo tampoco querida almohada), porque prefieren ver a su Presidente bien trajeado, bien peinado, bien contento, aunque ahora sonría nervioso, y no pueda conciliar el sueño, quién sabe por qué.

La neta, sí debí disculparme por el conflicto de intereses de la Casa Blanca, querida almohada. Pero eso hubiera sido como reconocer un acto de corrupción. Por eso mi único error fue pedirle a mi mujer que defendiera lo indefendible. O sea, metí la pata, o ella el ala, en la comunicación, no en el hecho delictivo. La regaron mis asesores. Suya es la culpa completita.

Igual en el caso de Ayotzinapa. ¿Esperaban que en el spot estuviera yo con los papás de los 43 muchachos? ¿Que saliera de Los Pinos al sol, al calor, a dar la cara? Obvio no. Hubiera sido como echar un gasolinazo a la herida. ¿Así se dice? El gasolinazo: asumo lo asumible en la asunción de lo subsumido. ¿Sí me entiendes mullida y querida almohada? Qué bueno, porque yo no. Francamente a esto de gobernar nunca le entendí muy bien. Pero siempre habrá una segunda oportunidad para los arrepentidos como yo. ¿O no?