La Carpeta:
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La triste conclusión es que el próximo sexenio será otro como el de Fox o Calderón, un sexenio perdido por la parálisis, pero con los problemas aumentados.
Carlos Chavarria
enero 21, 2018, 9:33 am

Aún no empiezan las campañas electorales y ya están ahora sí todos los precandidatos trepados en el carro de la  demagogia.

Anaya, el candidato del Frente sigue con el tema de la renta básica universal, que no es sino garantizarle a cada mexicano tan solo por el hecho de serlo algo así como 3 mil 500 mensuales a cada uno. Insiste en que tres premios nobel de Economía lo recomiendan, pero evita mencionar que tal recomendación es solo para casos de crisis extremas como seguro será la recuperación de la economía venezolana y por periodos cortos y preestablecidos.

De López Obrador, el campeón de la demagogia, poco hay que agregar excepto que todos los días ante una nueva petición de algún grupo o persona  le agrega más a la lista de promesas imposibles de cumplir a menos que al país se le lleve al totalitarismo confiscatorio estatal como sistema de gobierno.

Meade, el candidato del PRI, el nuevo nopalito, ya le entró a las ofertas y baratas electorales. Empezó con proteger a todos los migrantes mexicanos ante cualquier país del mundo.

Entre los caminos discursivos posibles que tiene enfrente Meade, escogió el de la continuidad y la competencia de promesas. Ni siquiera Peña Nieto en sus momentos mas débiles se puso en plan tan baratero.

Así las cosas, el panorama electoral está entre el continuismo y el retroceso populachero y estatista al estilo de Luis Echeverría, que fue otro iluminado que hundió México con sus regalos que daba al pueblo con dinero prestado.

Para mí resulta muy evidente que el país debe cambiar muchas cosas, así que si Meade no cambia de discurso y planes está perdido con su idea de mantener el continuismo reformista gradual sin atacar de forma rupturista los tres problemas más serios que son el estancamiento económico, la expansión del crimen organizado y la corrupción rampante que es signo de la burocracia que nos gobierna.

Cualquiera de los otros dos candidatos, Anaya o López, están atrapados en sus discursos y alianzas sin forma.

El PRD hizo lo correcto al aliarse con el PAN, pero este último no. El PRD está destruido por sus sectarismos y el abrevadero del DF que les sacia cualquier sed, así que solos nunca serían figura a nivel nacional.

Anaya no es el PAN, Anaya es Anaya, como Medina lo fue en Nuevo León. Nada más que un joven codicioso y con mucha hambre de poder. Si Fox uso al PAN, Anaya lo hará a un lado por completo, ni que decir del PRD. Obtendrán solo burocracia en el reparto, pero no el poder.

López Obrador puede ganar la Leonora, claro que sí, pero tendrá que asegurarse el control de sus territorios electorales, cosas nada fácil contra una maquinaria bien aceitada como la del PRI.

En cualquier caso, el que gane se enfrentará a la más grande división postelectoral de un país, pues no saldremos del regimen de los 30 porcientos y ahí el poder presidencial se enfrentara a la realidad de un congreso que no podrá controlar.

La triste conclusión es que el próximo sexenio será otro como el de Fox o Calderón, un sexenio perdido por la parálisis, pero con los problemas aumentados.

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