La Carpeta:
1 de 10
 
Tal parece que al general le cayó en gracia el muchacho larguirucho y orejón, que además era su vecino, porque mandó al reclutado sano y salvo a su casa. Erasmo, mi abuelo paterno, tenía buenas dotes de negociador.
Eloy Garza
marzo 9, 2018, 4:41 am

El hombre era alto como un carrizo, ojos borrados, orejón y flaco como los mustangs salvajes que galopaban en manadas por Ciudad Mier. Así describía mi padre, Eloy Garza Mascorro, a mi abuelo Erasmo, a quien no conocí, porque murió veinte años antes de que yo viniera al mundo. Y luego decía mi padre: tú abuelo era de temperamento melancólico, muy dado a la tristeza, medio retobo, pero aficionado a bromear con los fuereños. Nació en Ciudad Mier, páramo inmenso de mezquites y chaparros, mar de polvo. El pueblo era tránsito comercial del Río Bravo, y vivió sus momentos de bonanza con el trasiego de lana, caucho y ganado caballar; creció en el siglo XIX con la aduana y en buena medida por el contrabando. Luego, en el siglo XX, la bonanza se eclipsó.

Erasmo era el hijo menor de una numerosa prole. Tal parece que nunca se alejó de la frontera de Tamaulipas y no cayó en la tentación de cruzar el Río Bravo, “al otro lado”, que en estricta razón, fue siempre nuestro lado, hasta que nos lo quitaron los gringos. A los veinte años de edad Erasmo se casó por todas las de la Ley con Alicia Mascorro, desde entonces la “Mamá Licha” (jovencita dura y ruda, mi abuela, que no sabía leer pero sí contar); fue su única mujer y no se le conocieron amantes. Según su sobrino nieto, Leonel Garza, tenia un rancho llamado Agua Negra, casi desértico, de escasas aguas salitrosas y campos imposibles de arar, que había pertenecido a sus padres. La propiedad se escrituró en 1790 y duró hasta la segunda mitad del siglo XX.

Leonel Garza me regaló una vieja fotografía del rancho Agua Negra, con su casa de adobe, su cobertizo, un corral y el aljibe. Todo reverberando bajo un sol de justicia y el viento seco. Los vecinos de Erasmo (dueños de El Canaleño, rancho más próspero), fueron hijos del general Antonio Canales Rosillo, célebre porque defendió el noreste de México contra la intervención norteamericana, la francesa y (se dice) quiso independizar Tamaulipas para fundar su propio país con sede en Laredo, Texas: la República del Río Grande.

Uno de los hermanos de Erasmo combatió al lado del general Canales. Murió por un descuido: mientras rondaba por el campo de batalla, volteó el cadáver de un soldado enemigo para verle la cara, y el supuesto cadáver le disparó a quemarropa. Uno de los varios hijos de Antonio Canales, llamado Servando Canales Molano, luchó en la Revolución Mexicana y se llevó en la leva al hermano mayor de Erasmo: práctica común en esas épocas, cuando se formaban los ejércitos reclutando lugareños a la fuerza. Pero Erasmo, adolescente, junto con dos de sus hermanas, fue a negociar (según él) con el general para que le regresara a su pariente, sin cuyo sostén la familia moriría de hambre. Tal parece que al general le cayó en gracia el muchacho larguirucho y orejón, que además era su vecino, porque mandó al reclutado sano y salvo a su casa. Erasmo, mi abuelo paterno, tenía buenas dotes de negociador.