La Carpeta:
1 de 10
 
¿Quieren en Los Pinos hacer hasta “donde sea necesario” para acabar con la candidatura de Andrés Manuel López Obrador? ¿En qué cabeza cabe que matando a Ricardo Anaya se haría competitivo al PRI? José Antonio Meade, ni por asomo, es Luis Donaldo Colosio, ¿por qué sustituirlo asesinándolo? ¿Y a qué priista poner en su lugar? ¿Quién de ellos tendría los tamaños para ganarle la elección a Andrés Manuel?
Jose Jaime Ruiz
marzo 8, 2018, 7:19 am

Después del asesinato de Luis Donaldo Colosio el país se reinventó. Ernesto Zedillo puso orden, con él llegó la alternancia, pero no abatió la desigualdad. La corrupción no sería un tema toral este 2018 si la desigualdad no fuera tan profunda. La corrupción y la impunidad se admiten cuando hay un cierto bienestar social, pero cuando la brecha se vuelve abismo llega el encono.

La Casa Blanca ha sido lo que en su momento fue la Colina del Perro; el avión presidencial es un insulto a quienes usan camión, Metro, taxis y Uber; el socavón no es sólo ineficiencia, es política pública criminal. Relojes, golf, viajes, todo aleja a la clase política –y a la clase empresarial que se ha enriquecido a través del gobierno– de los ciudadanos. Y encima la inseguridad que los mexicanos padecen día a día. El encono no es gratuito.

Cinco de las diez ciudades más violentas del mundo son mexicanas. La violencia en contra de las mujeres no se frena, al contrario, se incrementa. Los periodistas sufren acoso y muertes. Las agresiones del narco siguen arrasando al país. Este es el México donde las reformas estructurales no han funcionado porque el gobierno así lo ha dispuesto. Vivimos en un país violento y la discordia nos recorre. ¿Por qué la política estaría fuera de este contexto fúnebre?

Diego Fernández de Cevallos quiso blindar a Ricardo Anaya Cortés: “Ya de una vez para que lo entienda el gobierno. Pueden sacar todo el baño de lodo. A Ricardo Anaya sólo lo quitan el día de la elección muerto, no hay de otra manera, punto”. La boleta como epitafio.

En su columna de hoy publicada en Milenio, Héctor Aguilar Camín toca un tema: “Escucho en estos días, de gente inesperada, murmullos sobre la posibilidad de que maten a alguno de los candidatos presidenciales”.

1.- “No es infrecuente la pregunta: ‘¿Hasta dónde está dispuesto el gobierno federal para no perder estas elecciones?’ Es frecuente la respuesta: ‘Hasta donde sea necesario’.”

2.- “En el entorno de violencia política que caracteriza a México, la hipótesis de que puedan matar a un candidato para detenerlo suena a vacuna: es una forma de poner en la mesa justamente eso que no debe suceder, por si a alguien se le ha ocurrido.”

3.- “He oído estas elucubraciones en relación con López Obrador, con Ricardo Anaya y con José Antonio Meade. El primero, porque sería la única forma de pararlo. El segundo, porque será la única manera de hacer competitivo al PRI. El tercero, porque quieren sustituirlo por otro.”

Aguilar Camín tilda de locuras estás hipótesis, acota: “Pero hay locos”.

No lo escribe Héctor, pero sus suposiciones apuntan, más que al PRI, a Los Pinos. Lo cual, como conclusión anticipada, es grave. ¿Quieren en Los Pinos hacer hasta “donde sea necesario” para acabar con la candidatura de Andrés Manuel López Obrador? ¿En qué cabeza cabe que matando a Ricardo Anaya se haría competitivo al PRI? José Antonio Meade, ni por asomo, es Luis Donaldo Colosio, ¿por qué sustituirlo asesinándolo? ¿Y a qué priista poner en su lugar? ¿Quién de ellos tendría los tamaños para ganarle la elección a Andrés Manuel?

Y si no son Los Pinos, ¿a qué grupo de derecha le interesa acabar con López Obrador cuando Andrés Manuel ha acogido hasta al PES? ¿A la ultraizquierda le interesaría atentar contra Ricardo o José Antonio? Murmullos. ¿Cuál de los cárteles necesita otra ejecución, esta vez mayúscula? Locuras, sí. ¿Es necesaria la política fúnebre?