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Si algo define al proceso electoral de 2018 en México es el fracaso total de los procedimientos modernos de información frente a la descomposición ética de la política en nuestro país. Precisamente, los procedimientos que en todas partes han sentado sus reales y que en México no acaban de amarrar. Ni acabarán.
FELIX CORTES CAMARILLO
febrero 5, 2018, 8:35 am

Si algo define al proceso electoral de 2018 en México es el fracaso total de los procedimientos modernos de información frente a la descomposición ética de la política en nuestro país. Precisamente, los procedimientos que en todas partes han sentado sus reales y que en México no acaban de amarrar. Ni acabarán.

Desde las elecciones presidenciales anteriores y las que les precedieron las encuestas de preferencias electorales han ido en una pendiente de descenso cada vez mayor en su credibilidad. Eso, igualmente, las encuestas de precampaña, campaña y las a bocajarro en las salidas de las casillas electorales.

Es verdad que los yerros de esta metodología son motivados, principalmente, por la desconfianza de los electores. Los mexicanos, por naturaleza, costumbre, vocación o memoria, generalmente mentimos cuando alguien nos pregunta por quién votaríamos, por quién planeamos votar o a favor de quién acabamos de hacerlo. No obstante, el desprestigio de las encuestas de preferencia electoral obedece a que constantemente nos encontramos con resultados apartados de todo sentido común o imaginable lógica. Dicho en otras palabras, lo que dicen las encuestas dependen del cliente, su saldo bancario y el objetivo que tiene en mente.

La segunda herramienta a la que se acude ahora para calificar o descalificar a un aspirante político  son las redes mal llamadas sociales.

CNET es una de las muchas compañías norteamericanas dedicadas desde hace años al estudio de mercado. De cualquier producto, en cualquier medio. En uno de sus documentos, CNET afirma que por doce dólares se puede adquirir mil tuits de apoyo para cualquier producto.

Incluyendo, desde luego, un candidato.

Twitter Audit Committee es un organismo de la compañía Twitter Inc. que se encarga de procurar la lim- piza de las operaciones que involucren la marca tan usada. Pero no es la única empresa que hace dinero en este campo. Twitter Audit informa en su página que no tiene nada que ver con Twitter Inc. Pero se encarga, igualmente, de calibrar los resultados que bajo el signo del pajarito azul se difunden. Un estudio del New York Times afirma que hay millones de cuentas automatizadas que se venden a quien pueda pagarlas. Cualquiera que sea el producto que vendan.

En México, cerca de setenta millones de personas tienen acceso a internet y la consideran herramienta válida para informarse de los procesos electorales. Sin embargo, según publicó ayer el diario El Horizonte, de Monterrey, la firma Twitter Audit ha puesto al descubierto la farsa de los candidatos presidenciales de México en el Twitter.

Según estos datos, Andrés Manuel López Obrador tiene 3 millones 514 mil 882 seguidores. El 43 por ciento son falsos. Margarita Zavala es la que tiene un mayor número de seguidores fantasma, el 47 por ciento del millón trescientos seis mil quinientos que dice tener.  En el tercer lugar de los mañosos se ubica Ricardo Anaya, quien presume de 419,966 twitteros que le siguen. El 39 por ciento son del banco de la ilusión.

A El Bronco Jaime Rodríguez no le va tan mal, aunque el INE dude del 42 por ciento de las firmas recabadas en favor de su candidatura “independiente”. Solamente, el 15 por ciento de sus 578,480 seguidores en la red social es falso.

Con el 47 por ciento, Margarita Zavala encabeza la lista del fraude. Casi la mitad de un millón 306 mil 579 es lo que se llama en la jerga actual “bots”

Desde luego, habrá que ver quién audita a Twitter Audit.

PILÓN.- Hace más de 65 años Demetrio Vallejo inició su caravana del hambre hacia la capital de la República para conseguir mejoras para los trabajadores ferrocarrileros y cambios al sistema. Vallejo y otros dirigentes acabaron en la cárcel.

Hace unas semanas, el gobernador de Chihuahua inició una Caravana por la Dignidad rumbo a la Ciudad de México para exigir 700 millones de pesos de fondos discrecionales que la Secretaría de Hacienda le retuvo. Esta semana, Javier Corral recibirá el chequesote, según le prometió el señor Navarrete Prida, secretario de Gobernación, que así inaugura su ejercicio.

Claro, Corral amenazó con escarbarle más a la triangulación de dineros del exgobernador de Chihuahua, César Duarte, domicilio desconocido, para el financiamiento de ciertas campañas electorales con dinero del erario. Son otros tiempos.