La Carpeta:
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El coronel Skripal era un alto oficial del espionaje ruso, quien en 2006 fue acusado y convicto de actuar como agente doble.
FELIX CORTES CAMARILLO
marzo 9, 2018, 5:21 am

Are you ready? Ha. It’s time for me to take it,

I´m the boss  right now. Not gonna fake it, not when you go

down ´Cause this is my game and you better come to play.

           Demi Lovato, Confident

El domingo pasado, sobre una banca en un parque de Salisbury, a 85 kilómetros al sur de Londres, los cuerpos de Sergei Skripal, de 66 años, y de su hija Yulia fueron encontrados en deplorable estado de salud. Se encontró rápidamente en los cuerpos rastros de una “sustancia desconocida”. Esto es veneno. Los dos se encuentran en estado crítico y algunos de los agentes de los servicios de salud que tuvieron contacto con los cuerpos han sufrido de intoxicación secundaria.

El coronel Skripal era un alto oficial del espionaje ruso, quien en 2006 fue acusado y convicto de actuar como agente doble: mientras espiaba para Rusia pasaba información a los servicios de espionaje británicos. Cuatro años después fue puesto en libertad y enviado a Londres como parte de esos programas de intercambio de esclavos que se da entre las agencias de inteligencia.

No parece haber mejor escenario para este caso que la capital de la Gran Bretaña. Fue ahí en donde surgieron los talentos de Agatha Christie y de Arthur Conan Doyle. Pero ya en la vida real y con un caso más reciente, el envenenamiento de los Skripal trae a la memoria la muerte, precisamente en 2006 y precisamente en Londres, del también espía Alexander Litvinenko. Precisamente por envenenamiento. Precisamente después de una historia de doble cara. La oficina de Asuntos Exteriores de Londres emitió una advertencia a Rusia sobre las indefinidas consecuencias que pudiera tener el invlucramiento de sus agentes en la muy probable muerte de los Skripal.

El mundo del espionaje, que invade toda actividad desde, la industrial y la comercial a la militar y la política, abunda en campos para que la imaginación más desenfrenada cabalgue a sus anchas y a sus largas. Por eso es ahí donde surge James Bond, el agente 007, quien tiene de su majestad la reina “licencia para matar”. Precisamente en los terrenos de esa creatividad maligna es que se desarrollan armas, vehículos, pócimas y químicos letales que pocas veces llegan al conocimiento público si no es en la forma de su presentación cinematográfica. Solamente cuando ha pasado el tiempo y la memoria se ha domesticado, hemos podido conocer métodos y procedimientos de los espionajes nazi, soviético o norteamericano. Y todos los días aparecen novedades en este mercado.

El gobierno de EU ha retirado a un grupo de sus empleados de la recién reabierta embajada estadunidense en La Habana, Cuba de regreso a su país. Los funcionarios se quejaron de raros malestares y dolores de cabeza que la autoridad de EU atribuye a que fueron sometidos a una tortura sicológica con base en la emisión de sonidos cuya frecuencia no reconoce el oído normal, pero sí afecta las funciones cerebrales. Con alguna perversa intención los funcionarios fueron expuestos a sonidos que no eran, precisamente, música de Pérez Prado, Benny Moré, el Trío Matamoros o la Sonora Matancera.

Posiblemente, este fenómeno sea una manifestación de la paranoia de la “inteligencia” de EU, pero el hecho es que también diplomáticos canadienses, que habitan o laboran en las cercanías de sus colegas norteamerigringos tuvieron problemas semejantes. En un mundo de secrecía, imaginación y ocultamiento, todo es posible. Como en las películas de James Bond o en los vagones del Expreso de Oriente. Y nosotros, en México, preocupados por las filtraciones de videos trucados sobre las actividades de tal o cual candidato y sus amistades peligrosas.

PILÓN.- No solamente las mujeres de mi entorno inmediato y familiar, sino también algunas que no tengo el gusto de conocer personalmente, pero que siguen las notas de este Cancionero, me reclamaron que ayer no haya yo hecho referencia en sus líneas al Día Internacional de la Mujer, como todos los años lo hago.

Tienen razón, en el trasiego diario excepcional de esta semana se me pasó la efeméride. Valga en mi disculpa que, como en todas las celebraciones cíclicas pienso que el afecto, respeto y admiración por las mujeres no debe limitarse a un día. Lo mismo vale para las madres, los abuelos, los hijos y todos los que nos merecen afecto. Yo procuro honrar a todas mis mujeres —desde mi madre hasta mis hijas— todos los días. Estén o no estén.