La Carpeta:
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Antes de que en nuestro país se realicen las elecciones, en menos de diez días, se cumplen diez meses del criminal inendio al Casino Royale en Monterrey, N.L., uno de esos centros de apuestas que han proliferado a todo lo largo y ancho del país durante los últimos dos sexenios, con la complacencia de las autoridades federales, estatales y municipales.
FELIX CORTES CAMARILLO
junio 13, 2012, 5:06 am

Antes de que en nuestro país se realicen las elecciones, en menos de diez días, se cumplen diez meses del criminal incendio al Casino Royale en Monterrey, N.L., uno de esos centros de apuestas que han proliferado a todo lo largo y ancho del país durante los últimos dos sexenios, con la complacencia de las autoridades federales, estatales y municipales.

La leyenda urbana dice que los dueños-operadores de este casino se resistieron a la extorsión del crimen organizado que insistía en cobrar un llamado derecho de piso para poder operar limpunemente, sin temor a ataques… del mismo crimen organizado. Ante la resistencia al monto del chantaje, los bandidos fueron a comprar doscientos litros de gasolina, los rociaron a la entrada del establecimiento al mediodía y encendieron un cerillo.

No solamente causaron una tragedia a 54 familias cuyos miembros murieron calcinados, asfixiados o apachurrados en el acontecimiento. Desataron una indignación nacional que lamentablemente se va apagando frente a la cadena de porquería que puso al descubierto.

La corrupción en los procesos de otorgamiento de licencias para estas casas de juego, una corrupción que tiene sus raíces en el Palacio de Cobián en la Ciudad de México, pero su tronco en los estados y en la administración municipal sus ramas. El triste incremento de la ludopatía en la exigüe clase media mexicana, especialmente entre las mujeres, que carentes de sitios y eventos de otro entretenimiento sucumben al embrujo de las maquinitas que con sus tal vez todavía hoy muestran tres racimos de cerezas en una línea como emblema de la felicidad.

La porquería en la inspección de las instalaciones de seguridad –salidas de emergencia, extintores, señales– pero de manera especial la indolencia en investigar esa porquería por parte del estado de Nuevo León, todo ello son solamente los principales indicadores de la porquería que esas llamas provocaron.

Ray Bradbury, marciano adorable que murió a principios de junio, escribió “Farenheit 451” titulado así porque es a esa temperatura a la que arde el papel. Si las consecuencias del incendio del Casino Royale se van extinguiendo como una pavesa, que diría el poeta, es entre otras cosas porque los medios se van olvidando de ellas. Tanto, que ya trascendió que se considera la rehabilitación del edificio calcinado…¡para devolverlo a sus dueños y operadores!

Lo que hay que ver.

felixcortescama@yahoo.com